Rasgad el corazón, no los vestidos

“Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo”. 

Joel 2:13


El llamado no se dirige primero a lo que otros pueden ver. Dios no se conforma con el espectáculo de un ayuno visible, con vestiduras rasgadas o con palabras de quebranto que se evaporan al salir del lugar de reunión. Él pide el corazón. En los días de Joel el pueblo enfrentaba juicio. 


La tierra había sido devastada y el día de Jehová se acercaba. Ante aquella amenaza muchos podían cubrirse de cilicio, llorar en público y parecer arrepentidos. Sin embargo, Jehová conocía lo que habitaba detrás de aquella apariencia. Él distinguía entre el dolor genuino y la reacción temporal al sufrimiento.


Esa misma distinción permanece vigente. Usted puede cumplir con todo lo que se espera en la iglesia, hablar el lenguaje correcto, asistir con regularidad y proyectar una vida ordenada, y aun así guardar un corazón distante, orgulloso o atado a pecados que nadie más observa. Hay un peligro real en limitarse a lo exterior mientras lo interior permanece sin rendir. La vida ofrece mil maneras de ser superficial: palabras piadosas sin obediencia, servicio sin entrega, lágrimas sin cambio. Dios ve el corazón y las intenciones de cada persona. Nada queda oculto ante Él.


Observe el contraste del pasaje. Mientras el pueblo clamaba por misericordia, Dios mismo clamaba por arrepentimiento. Él no se complace en el castigo. El versículo nos recuerda quién es Él: misericordioso, clemente, tardo para la ira y grande en misericordia. Esa es Su naturaleza constante. Él desea una relación verdadera con todos los suyos, no una formalidad religiosa que se sostiene solo mientras las circunstancias aprietan. Pero esa relación exige una respuesta: “convertíos a Jehová vuestro Dios”. Convertirse no es un sentimiento pasajero ni un rito visible. Es un giro deliberado del corazón hacia Él, un abandono de aquello que se interpone entre usted y el Padre.


Con frecuencia pedimos la gracia y la misericordia de Dios como si fueran un derecho automático. Olvidamos que Él también requiere nuestro arrepentimiento y nuestra obediencia. Nada debe quedar entre usted y una comunión de calidad con su Padre celestial. Si hay un rincón de su vida que usted ha aprendido a cubrir con una imagen aceptable, este es el momento de rasgar el corazón y no solamente el vestido. Él ya está dispuesto a perdonar y a restaurar. La pregunta que permanece es si usted está dispuesto a volver de verdad, no solo de palabra.


Video de hoy: https://youtu.be/0gGu5vbCqDY


Leer: El libro de Joel, Proverbios 21 y escribir Salmo 119:113-120

¿La destrucción que Joel estaba describiendo era parecido a algo que han experimentado antes?