El rugido que exige respuesta

 “Si el león ruge, ¿quién no temerá? Si habla Jehová el Señor, ¿quién no profetizará?”

Amós 3:8


Así como el sonido del rugido produce temor en quienes lo oyen, la voz de Dios produce en el que la escucha la necesidad de contar Su historia. No es un efecto opcional ni un entusiasmo pasajero. Es la consecuencia natural de haber oído. Cuando Jehová habla, el silencio deja de ser una opción honesta para el que ha recibido Su Palabra.


En este mismo capítulo el profeta Amós formula una serie de preguntas retóricas que van encadenándose con lógica irresistible. ¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo? ¿Rugirá el león en la selva sin haber presa? ¿Dará el leoncillo su rugido desde su guarida, si no apresare? ¿Caerá el ave en lazo sobre la tierra, sin haber cazador? ¿Se levantará el lazo de la tierra, si no ha atrapado algo? ¿Se tocará la trompeta en la ciudad, y no se alborotará el pueblo? 


Cada pregunta espera una respuesta evidente, y todas apuntan a la misma verdad: hay causas y hay efectos. Nada ocurre en vano. Por eso la pregunta de cómo responde usted a la Palabra de Dios y a Sus mandamientos no es un recurso literario. Es una pregunta real, dirigida a su conciencia, y merece una respuesta real.


Dios le ha dado tanto con qué trabajar, y Él desea que usted haga algo con lo recibido. No le ha dejado vacío ni sin dirección. Le entregó Su Palabra como el relato de Su amor por usted, y también como mandamiento de compartir ese amor con otros. Oír y leer lo que Él ha dicho debe producir fruto visible: cambios en el carácter, obediencia en las decisiones y testimonio en la boca. La Escritura no llega a su vida para ser archivada ni para ser admirada en silencio. Llega para ser creída, obedecida y anunciada. Si el rugido del león no deja indiferente al que lo escucha, ¿cómo podría la voz del Señor dejarle a usted igual que antes?


Vuelve, entonces, la pregunta que no se puede evadir. ¿Está la Palabra de Dios afectando su testimonio y sus acciones? ¿Cómo puede oír el evangelio y no compartirlo con otros? Examine con sinceridad lo que ha oído y lo que ha hecho esta semana, este mes, en esta temporada de su vida. Si hay distancia entre la verdad que usted conoce y la vida que usted vive, no la justifique ni la posponga. El que ha oído es responsable de lo oído. Evalúe y ajuste lo que sea necesario. Dios no le ha hablado para que admire el sonido de Su voz. Le ha hablado para que usted también hable.


Video de hoy: https://youtu.be/7OKl9k6edJM


Leer: Amós 1-5, Proverbios 22 y escribir Salmo 119;125-128

¿De qué se trata “estar a diente limpio” en el contexto del pasaje?