El peligro de escuchar voces agradables
“El rey de Israel respondió a Josafat: Aún hay aquí un hombre por el cual podemos preguntar a Jehová; mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza cosa buena, sino siempre mal. Este es Micaías hijo de Imla. Y respondió Josafat: No hable así el rey”.
2 Crónicas 18:7
El rey Acab tenía un problema espiritual muy profundo: no quería escuchar la verdad, quería escuchar lo que le agradaba. Había muchos profetas alrededor suyo dispuestos a decirle exactamente lo que deseaba oír. Todos le anunciaban victoria, éxito y tranquilidad. Pero había un hombre diferente: Micaías. Él hablaba la verdad de Dios aunque fuera incómoda. Acab confesó algo alarmante: “Lo aborrezco…”
¿Por qué odiaba a Micaías? No porque fuera mentiroso, sino porque lo confrontaba. La verdad incomodaba su corazón.
Hoy puede pasarnos lo mismo. Existe el peligro de rodearnos únicamente de voces que aprueban todo lo que hacemos, nunca nos corrigen, alimentan nuestro orgullo, justifican nuestras malas decisiones y nos hablan de bendición sin obediencia. En ocasiones manipulamos lo que oímos, pensamos o interpretamos con la intención de escuchar lo que nos conviene.
Muchas veces queremos consejos que nos hagan sentir bien, pero no palabras que nos transformen. Esto no es nuevo; la Biblia advierte: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina…” (2 Timoteo 4:3). Sin darnos cuenta, podemos cerrar el oído a la voz de Dios cuando Él usa a alguien para corregirnos.
La Biblia enseña que las heridas del que ama son fieles. Una corrección dada con amor puede salvarnos de errores, pecado o consecuencias dolorosas. Dios no envía corrección para destruirnos, sino para guiarnos de regreso al camino correcto.
Acab prefirió escuchar a la mayoría antes que escuchar la verdad. Y esa decisión terminó llevándolo a la ruina.
Debemos preguntarnos: ¿Acepto la corrección espiritual? ¿Escucho solamente lo que me agrada? ¿Tengo personas piadosas a mi alrededor que puedan hablar verdad a mi vida? ¿Estoy dispuesto a obedecer a Dios aunque su respuesta no sea la que esperaba?
Un corazón maduro no busca solamente palabras agradables; busca la voz de Dios, aunque confronte, redarguya y corrija. Las voces agradables pueden tranquilizar momentáneamente el corazón, pero solo la verdad de Dios puede transformar la vida.
Leer: 2 Crónicas 18-20, Salmos 85-87 y Proverbios 15
¿Qué principio bíblico podemos aprender de 2 Crónicas 20?
