Una respuesta natural a un Dios magnífico

“Cuando vieron todos los hijos de Israel descender el fuego y la gloria de Jehová sobre la casa, se postraron sobre sus rostros en el pavimento y adoraron, y alabaron a Jehová, diciendo: Porque él es bueno, y su misericordia es para siempre”.

2 Crónicas 7:3


En este pasaje observamos una respuesta propia y natural ante un Dios magnífico. Cuando los hijos de Israel vieron la manifestación visible de la gloria de Dios —el fuego que descendía del cielo y llenaba el templo—, no pudieron hacer otra cosa más que postrarse rostro en tierra, adorar y proclamar: “¡Él es bueno, y su misericordia es para siempre!”


Su reacción fue de asombro, reverencia y adoración total. En ese momento, nada más importaba. No estaban pensando en sí mismos, en sus logros ni en llamar la atención. Toda la gloria era para Dios.


¡Cuántas veces nosotros hacemos lo contrario! Buscamos excusas para traer la atención hacia nosotros mismos. Publicamos, presumimos, nos comparamos… y cuanto más lo hacemos, más evidente se hace que aún no conocemos verdaderamente a Dios. 


Cuando Dios es el centro, nadie piensa en otra cosa. Su grandeza eclipsa todo lo demás.


Hay pocas cosas más tristes que una vida autocentrada. Y hay pocas cosas más gratificantes y llenas de gozo que una vida centrada en Dios.


Mire a su alrededor hoy: observe la creación de Dios —el cielo, las montañas, las flores, el milagro de la vida misma—. Recuerde todo lo que Él ha hecho en su vida: Su fidelidad, Su perdón, Sus provisiones, Sus consuelos. Y responda con una adoración genuina y sincera.


Cuanto más conozcamos a Dios, más se fijará nuestro enfoque en Él y menos en nosotros mismos.


Hoy pregúntele a Dios: “Señor, ¿en qué áreas he estado buscando mi propia gloria en lugar de dar a Usted la gloria que merece como Dios magnífico y personal?” Permítale que le revele con amor esas actitudes. Arrepiéntase y elija hoy centrar su mirada en Él.


Leer: 2 Crónicas 6-8; Salmos 76-78; Proverbios 12

¿Según qué condición tenemos la promesa de que Dios oye y perdona?