Humildad ante el Dios santo
“Entonces entró el rey David y se sentó delante de Jehová, y dijo: ¿Quién soy yo, Jehová Dios, y cuál es mi casa, para que me hayas traído hasta aquí?”
1 Crónicas 17:16
El gran rey David, victorioso y bendecido, no se para delante de Dios con una lista de exigencias. Se sienta humildemente y reconoce su total indignidad. Este es el mismo David que la Biblia llama “varón conforme al corazón de Dios” (1 Samuel 13:14) y a quien Dios mismo describe como “un hombre excelente”. Sin embargo, David no se cree grande. Sabe que sin Dios él no es nada.
En este versículo captamos un momento íntimo de la conversación entre David y Jehová. El rey no dice: “Dios, merezco esto”. Más bien pregunta con asombro: “¿Quién soy yo… para que me hayas traído hasta aquí?” Toda la bondad, el reino, las victorias y las promesas que recibió, David las atribuye completamente a la gracia de Dios.
Vivimos en días en que muchos cristianos actúan como si Dios debiera obedecerles. Decidimos qué es lo justo, qué nos merecemos y nos frustramos cuando las cosas no salen según nuestros planes.
Olvidamos fácilmente que Dios no toma órdenes de nosotros; somos nosotros los que debemos rendirnos a Él.
David nos muestra el corazón que agrada a Dios:
•Alta percepción de Dios (santo, justo, perfecto y soberano).
•Baja percepción de nosotros mismos (pecadores salvados solo por gracia).
Cuando entendemos esto, dejamos de pelear contra Dios y empezamos a confiar.
Es fácil enojarnos con el Señor cuando la vida no va como “debería”. Pero la mejor respuesta es la misma que David: sentarnos delante de Jehová, reconocer Su grandeza y decir: “Señor, Usted sabe lo que es mejor para mí”.
Preguntas para meditar:
1.¿Cómo me veo yo delante de Dios? ¿Con humildad o con exigencias?
2.¿Estoy atribuyendo todo lo bueno en mi vida a la gracia de Dios, o me estoy atribuyendo el mérito?
3.¿Estoy dispuesto a dejar que Dios decida qué es mejor para mí, aunque no lo entienda?
Hoy sería bueno sentarse delante del Señor como David y le diga con sinceridad:
¿Quién soy yo, Jehová Dios, para que me haya bendecido tanto?
Él siempre sabe mejor. Confíe en Él.
Leer: 1 Crónicas 15-17; Salmos 58-60; Proverbios 6
¿Cómo respondió David cuando Dios le dijo que no, y que podemos aprender de eso?
