Contemplar para obedecer
“Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo”.
Salmos 27:4
La historia de Jim Elliot y Elisabeth Elliot es conocida por muchos: jóvenes misioneros en Ecuador, una tribu no alcanzada, y un final trágico en 1956. Pero detrás de ese momento hay una vida profunda de decisiones, luchas y una visión clara de Dios que vale la pena contemplar.
Antes de llegar a Ecuador, Jim era un hombre marcado por una disciplina espiritual poco común. Llevaba diarios detallados donde registraba no solo lo que hacía, sino lo que Dios le enseñaba. Una frase que escribió en su juventud revela su enfoque: no quería gastar su vida en lo temporal, sino invertirla completamente en lo eterno. No era una emoción pasajera; era una convicción formada al contemplar a Dios diariamente.
Elisabeth, por su parte, también tomó decisiones difíciles mucho antes del campo misionero. Durante su relación con Jim, ambos decidieron esperar, no porque no se amaran, sino porque querían asegurarse de que su amor no interfiriera con la voluntad de Dios. Para ellos, contemplar a Dios significaba someter incluso los deseos más profundos a Su dirección.
Un detalle que no siempre se menciona es el proceso cuidadoso que siguieron para acercarse a la tribu huaorani. Durante meses, los misioneros realizaron vuelos y lanzaron regalos en una canasta, intentando establecer contacto sin invadir. No fue imprudencia; fue un esfuerzo deliberado por mostrar amor de una manera que pudiera ser entendida. Aun así, sabían el riesgo. Jim mismo había escrito que no consideraba perder su vida como una tragedia si estaba en la voluntad de Dios.
Después de la muerte de Jim y los otros misioneros, la historia no terminó. Elisabeth regresó años después a vivir entre la misma tribu, junto con su hija pequeña. Esto no fue simplemente valentía humana; fue el resultado de una vida que había aprendido a contemplar a Dios por encima del temor, del dolor y de la pérdida.
Contemplar no es solo mirar; es fijar el corazón en quién es Dios hasta que eso transforme la manera en que usted vive. Jim y Elisabeth no tomaron decisiones radicales de un día para otro. Sus vidas fueron moldeadas en lo secreto, en comunión con Dios, donde aprendieron a valorar Su voluntad por encima de su propia seguridad.
Hoy, el llamado no es necesariamente ir a una selva lejana, pero sí es el mismo en esencia: contemplar a Dios de tal manera que su vida refleje obediencia. Cuando usted contempla a Dios correctamente, sus decisiones cambian, sus prioridades se alinean y su temor disminuye.
La pregunta no es si Dios le pedirá algo difícil; la pregunta es si usted está contemplándole lo suficiente como para obedecer cuando ese momento llegue.
Leer: 2 Reyes 12-14; Salmos 25-27; Proverbios 25
¿Por qué Eliseo se enojó con el rey Joás cuando golpeó la tierra solo tres veces, y qué principio espiritual revela esto sobre nuestra manera de responder a las oportunidades que Dios nos da?
