Abre mis ojos, Señor
“Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo”.
2 Reyes 6:17
Hay momentos en la vida en los que todo parece estar en contra. Las circunstancias se ven abrumadoras, el cansancio pesa, las respuestas no llegan y el panorama parece cerrado. Así estaba el criado de Eliseo: rodeado por un ejército enemigo, sin salida visible, dominado por el temor. Desde su perspectiva, todo estaba perdido. Pero Eliseo veía algo diferente. Mientras uno veía peligro, el otro veía propósito. Mientras uno se llenaba de miedo, el otro permanecía en paz. La diferencia no estaba en la situación… estaba en la visión.
Eliseo no negó la realidad, pero tampoco se limitó a lo visible. Él sabía que Dios ya estaba obrando, aun cuando no era evidente. Por eso, en lugar de orar para que el problema desapareciera, hizo una oración más profunda: pidió que los ojos de su criado fueran abiertos. Y cuando Dios respondió, todo cambió. El mismo lugar, la misma circunstancia, el mismo enemigo… pero una visión completamente distinta. Ahora el criado pudo ver que el monte estaba lleno de caballos y carros de fuego alrededor de Eliseo. No estaban solos. Nunca lo estuvieron.
Este pasaje nos confronta con una verdad poderosa: muchas veces nuestro temor no viene de lo que está pasando, sino de lo que no estamos viendo. Vivimos reaccionando a lo visible, olvidando que hay una realidad espiritual activa, constante y poderosa a nuestro favor. ¿Cuántas veces ha sentido que no puede más? ¿Cuántas veces ha pensado que está solo en medio de una batalla? Sin embargo, Dios ya está presente. Él no llega tarde. Él no improvisa. Él ya ha rodeado su vida con Su protección, Su gracia y Su poder.
A veces esperamos que Dios cambie la situación, pero Dios quiere primero cambiar nuestra perspectiva. Porque cuando vemos como Él ve, encontramos paz aun en medio del caos. Hoy, más que pedir que desaparezcan sus problemas, pida algo más profundo: “Señor, abre mis ojos”.
Abre mis ojos para ver Tu fidelidad en medio de la incertidumbre.
Abre mis ojos para reconocer Tu presencia en medio del cansancio.
Abre mis ojos para confiar, aunque no entienda.
Porque muchas veces, aunque no lo perciba, Dios ya está rodeándole con Su cuidado, proveyendo, sosteniéndole y peleando por usted. La fe no es negar la realidad; es reconocer que hay una realidad mayor: Dios está con usted.
Leer: 2 Reyes 6–8 y Salmos 19–21; Proverbios 23
¿Qué circunstancias usó Dios para que le fueran devueltas las cosas a la sunamita?
