Mala pareja, gran gracia

25 (A la verdad ninguno fue como Acab, que se vendió para hacer lo malo ante los ojos de Jehová; porque Jezabel su mujer lo incitaba. 26 E hizo abominaciones en gran manera, siguiendo a los ídolos, conforme a todo lo que hicieron los amorreos, a los cuales Jehová había echado de delante de los hijos de Israel.) 27 Y aconteció que cuando Acab oyó estas palabras, rasgó sus vestidos, y puso cilicio sobre su carne, y ayunó, y se acostó en cilicio, y anduvo humillado. 28 Y vino palabra de Jehová a Elías tisbita, diciendo: 29 ¿No ha visto cómo se humilló Acab delante de mí? Pues por cuanto se humilló delante de mí, no traeré el mal en sus días, sino en los días de su hijo traeré el mal sobre su casa”.

1 Reyes 21:25-29


Acab fue el rey más corrupto que Israel había conocido. La Biblia lo declara sin rodeos: “ninguno fue como Acab, que se vendió para hacer lo malo ante los ojos de Jehová”. Se entregó completamente al pecado. Pero fíjese en lo que la Escritura repite varias veces: fue Jezabel su mujer quien lo incitaba. Ella no solo participó del mal; fue el estímulo constante, el combustible que empujaba a Acab a pecar más y más. Fueron una pareja perversa, pero Jezabel aparece una y otra vez como la que estimulaba y avivaba el mal en su esposo.


Dios quiere que veamos esto con claridad: las personas con las que decidimos pasar más tiempo tienen un poder enorme sobre nuestra vida. Una mala influencia puede llevarnos a lugares de pecado donde nunca imaginamos llegar. Por eso, hoy la Palabra nos advierte con amor y urgencia: elija con mucho cuidado con quién pasa su tiempo. Sus amistades más cercanas, su pareja, las personas que más le rodean… todos ellos le moldean. Pueden acercarle a Dios o arrastrarle lejos de Él. Pregúntese honestamente: ¿las personas que más influyen en usted le están llevando hacia la obediencia o le están incitando al compromiso con el pecado?


Pero aquí viene lo más hermoso y poderoso de la historia.


Cuando el profeta Elías le anunció el juicio terrible que caería sobre él y toda su familia, Acab no se justificó, no culpó a Jezabel y no se endureció. Simplemente se arrepintió de corazón. Rasgó sus vestidos, se puso cilicio, ayunó y caminó humillado delante de Dios. Y entonces sucedió lo increíble:

Dios vio ese corazón arrepentido y le dijo a Elías: “¿No ha visto cómo se humilló Acab delante de mí? Pues por cuanto se humilló delante de mí, no traeré el mal en sus días”.


¡La gracia de Dios es más grande que la maldad más profunda! Acab había sido el peor de los reyes, había derramado sangre inocente, había adorado ídolos y había permitido que su esposa lo arrastrara al abismo… y aun así, un arrepentimiento sincero movió el corazón de Dios. El castigo no desapareció por completo, pero se retrasó por su humillación. Dios mostró misericordia.


Nadie está fuera del alcance de la gracia de Dios. No importa cuán lejos haya ido. No importa cuán grande sea su pecado. No importa cuántas veces haya caído o cuán malo haya sido. Si hoy humilla su corazón y se arrepiente de verdad, Dios le ve. Y Su gracia es suficiente para limpiarle, restaurarle y darle una nueva oportunidad. Examine si hay alguna influencia negativa que Dios le está pidiendo que revise en su vida, alguna relación, amistad o hábito que le esté “incitando” a alejarse de Él, y arrepiéntase hoy con sinceridad y humildad. Recuerde: la misma gracia que alcanzó al peor rey de Israel está disponible para usted hoy.


Leer: 1 Reyes 21-22; Salmos 10-12; Proverbios 20

Según 1 Reyes 21, ¿por qué Nabot se negó a vender su viña, y qué principio bíblico estaba defendiendo con esa decisión?