El gran error
“Y dijo Jeroboam en su corazón: Ahora se volverá el reino a la casa de David,”
1 Reyes 12:26
Jeroboam había recibido una promesa directa de Dios: tendría el reino. No fue algo que él ganó por mérito propio, sino un propósito establecido por el Señor. Sin embargo, esta promesa también venía acompañada de un llamado a obedecer. Cuando finalmente se vio en la posición que Dios le había dado, su corazón comenzó a llenarse de temor.
Pensó en lo que podría pasar, imaginó escenarios negativos, y dudó. Y fue ahí donde cometió su gran error.
En lugar de aferrarse a la promesa de Dios, decidió crear su propio sistema de seguridad. Fabricó becerros de oro, estableció lugares de adoración alternativos y diseñó una religión conveniente para mantener el control del pueblo. Lo que parecía una “estrategia inteligente” en realidad era desobediencia disfrazada de prudencia.
Jeroboam no confió en que Dios era capaz de sostener lo que Él mismo había prometido. Y ese es un espejo para nosotros.
Muchas veces Dios nos da palabras, promesas y llamados, pero cuando llega el momento de caminar en ellos, el miedo aparece. Tememos perder, fallar, que las cosas no salgan como esperamos.
Entonces, en lugar de obedecer completamente, empezamos a “ajustar” las cosas a nuestra manera. Hacemos concesiones, buscamos controlar y creamos soluciones humanas para problemas espirituales.
Pero cada vez que reemplazamos la obediencia por control, terminamos alejándonos de Dios. La verdadera fe no es solo creer en las promesas de Dios, sino confiar lo suficiente como para no intervenir con nuestras propias “alternativas”. Dios no necesita que le “ayudemos” a cumplir Su voluntad por medio de la desobediencia.
Hoy es un buen momento para que usted se examine: ¿Está confiando en Dios completamente, o está tratando de asegurar las cosas a su manera?
Dios sigue siendo fiel. Lo que Él promete, Él lo sostiene. No necesitamos fabricar “becerros de oro” modernos para sentirnos seguros. Nuestra seguridad está en obedecerle, incluso cuando no entendemos todo el panorama.
Leer: 1 Reyes 12–14; Salmos 1-3 y Proverbios 17
¿Cómo respondió el varón de Jehová? ¿Qué verdad bíblica nos enseña esto?
