Consulta a Dios primero

“Y vinieron los filisteos, y se extendieron por el valle de Refaim. Entonces consultó David a Jehová, diciendo: ¿Iré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mi mano? Y Jehová respondió a David: Ve, porque ciertamente entregaré a los filisteos en tu mano”.

2 Samuel 5:18-19 


David se encontraba en uno de los momentos más altos de su vida. Acababa de ser ungido rey sobre todo Israel, había conquistado Jerusalén (la ciudad de David) y su poder político y militar estaba en su clímax. Las victorias se acumulaban y el futuro parecía brillante. Sin embargo, cuando los filisteos —un enemigo poderoso y experimentado— se extendieron por el valle de Refaim para atacarlo, David no confió en su experiencia, en su ejército ni en su propio criterio.


En lugar de actuar por impulso, consultó a Jehová. Preguntó claramente: “¿Iré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mi mano?” Esa sencilla pero poderosa acción fue la clave de su victoria. Dios le respondió y David obedeció, obteniendo un triunfo decisivo.


¡Qué ejemplo tan valioso para nosotros! En los momentos de mayor éxito, cuando todo parece ir bien y creemos tener el control, es fácil dejar de depender de Dios. Pensamos que ya sabemos qué hacer, que nuestra experiencia o inteligencia es suficiente. Pero David nos enseña que el paso más importante, aunque a menudo lo omitimos, es siempre consultar a Dios primero y seguir fielmente lo que Él responde.


Como cristianos, estamos llamados a cultivar este hábito en todo: decisiones grandes y pequeñas, en el trabajo, en la familia, en los proyectos personales y en los momentos de crisis o de éxito. No se trata solo de pedir bendición a nuestros planes, sino de preguntar sinceramente: “Señor, ¿qué quieres Tú que haga?” y luego obedecer, aunque la respuesta sea diferente a lo que esperábamos.


En julio de 1981, en Kansas City, se produjo el colapso de los pasillos colgantes del hotel Hyatt Regency. Un cambio en el diseño de las conexiones estructurales se realizó durante la construcción sin consultar debidamente al ingeniero estructural original ni seguir las instrucciones técnicas aprobadas. Los constructores asumieron que su modificación era “mejor” o más práctica, sin pedir confirmación ni revisar los cálculos completos. El resultado fue catastrófico: 114 personas murieron y más de 200 resultaron heridas en uno de los desastres de ingeniería más graves de la historia de Estados Unidos. Lo que empezó como un atajo aparentemente inofensivo terminó en tragedia porque nadie se detuvo a preguntar y confirmar las instrucciones correctas.


De la misma manera, cuando nosotros no consultamos a Dios primero —ya sea en una decisión laboral, familiar, ministerial o personal—, podemos causar daño irreparable en nuestra vida y en la de otros. David nos enseña que el éxito verdadero no se mide por lo que logramos, sino por la obediencia humilde que precede cada paso.


Hoy, en su vida, ¿está enfrentando una situación de victoria, de desafío o de incertidumbre? Deténgase y pregunte al Señor: «¿Qué quieres que haga?». No confíe en su propio entendimiento; sométase a Su Palabra y a Su Espíritu. Cuando usted y yo nos comprometemos a buscar Su rostro en todo momento, Él nos guiará por sendas de justicia, nos guardará de errores costosos y nos permitirá habitar en la “Ciudad de David” espiritual: una vida firme, segura y llena de Su presencia. Que esta sea nuestra práctica diaria: consultar a Dios primero, obedecer lo que Él diga y confiar en que Su dirección es siempre la mejor. Él merece ese lugar de prioridad en cada decisión, grande o pequeña.


Leer: 2 Samuel 4-7; Salmos 132-134; Proverbios 6

¿Fue justo que Dios matara a Uza solo por tratar de cuidar que el arca no cayera? Explicar su respuesta.