Usando nuestra influencia correctamente

“Y le dijo David: No tenga temor, porque yo a la verdad haré con usted misericordia por amor de Jonatán su padre, y le devolveré todas las tierras de Saúl su padre; y usted comerá siempre a mi mesa”.

2 Samuel 9:7


Imagine la escena: el rey David, ya establecido en el trono, decide buscar intencionalmente a alguien de la familia de Saúl, el hombre que durante muchos años lo persiguió, lo humilló y trató de matarlo. En lugar de buscar venganza, David recuerda su pacto de amistad con Jonatán y pregunta: “¿Ha quedado alguien de la casa de Saúl a quien yo pueda hacer misericordia?” (2 Samuel 9:1) Encuentra a Mefiboset, un joven lisiado y asustado, y no solo le devuelve las tierras de su abuelo, sino que lo invita a sentarse para siempre a la mesa real como uno de sus propios hijos.


¡Qué poderoso ejemplo! David usó su influencia, su poder y su posición para bendecir en vez de destruir. No se quedó con lo que le correspondía por “justicia”. Fue más allá, guiado por el amor y la lealtad.


Como cristianos, Dios nos coloca en posiciones de influencia todos los días: en nuestro trabajo, en nuestra familia, en nuestras relaciones o incluso en nuestras experiencias pasadas. Tal vez usted tenga una habilidad especial, una conexión importante, o haya pasado por un error que ahora puede ayudar a otros a no repetir. La pregunta es: ¿usaremos esa influencia para vengarnos, para ignorar, o para extender la misma misericordia que Cristo nos ha mostrado a nosotros?


David nos enseña que el verdadero liderazgo cristiano no se trata de “yo primero”, sino de “¿a quién puedo bendecir hoy?” Ir más allá de lo cómodo. Buscar activamente a quien necesita ayuda. Mostrar el amor de Cristo con acciones concretas.


En un pueblo pobre de Tailandia, un agricultor de la tribu Hmong perdió a su esposa y quedó solo con su hijo pequeño. Eran extremadamente pobres y apenas tenían suficiente comida para sobrevivir un día. Un día, mientras preparaba la poca comida que tenía, vio a un vecino anciano que estaba muy enfermo y sin nada para comer. Aunque su propio hijo tenía hambre, este padre decidió compartir la mitad de su escasa comida con el anciano. No tenía mucho que dar, pero usó lo poco que poseía y su corazón compasivo para ayudar a alguien en mayor necesidad.


Dios honró ese acto de fe y generosidad: poco tiempo después, el agricultor recibió una oportunidad inesperada que mejoró su situación y le permitió seguir ayudando a otros en el pueblo. Su influencia, aunque pequeña en recursos, se convirtió en un ejemplo de amor desinteresado que inspiró a toda la comunidad.


Esta historia nos recuerda que, como David, no necesitamos tener mucho para marcar una diferencia. Incluso con pocos recursos, podemos usar nuestra influencia —nuestro tiempo, nuestras palabras o lo poco que tengamos— para levantar a otros y mostrar el corazón de Cristo.


¿Hay alguien en su vida a quien Dios le está llamando a bendecir? Tal vez un compañero de trabajo que está pasando por dificultades, un familiar con quien hubo conflicto en el pasado, o una persona que simplemente necesita que alguien use su influencia para abrirle una puerta. No espere a que se lo pidan. Como David, busque la oportunidad y actúe, aunque le cueste esfuerzo extra.


Leer: 2 Samuel 8-12; Salmos 135-136; Proverbios 7

¿Qué instrucción específica dio David a Siba acerca de la tierra de Saúl?