Un corazón para las misiones
“Suba mi oración delante de ti como el incienso,
El don de mis manos como la ofrenda de la tarde".
Salmos 141:2
Al contemplar la vida de David y Jenny Harris, no vemos simplemente una historia misionera… vemos una vida rendida, paso a paso, a la voluntad de Dios.
David conoció a Cristo a los once años, y desde joven decidió no ser un cristiano pasivo. Evangelizaba, servía en su iglesia y, siendo aún adolescente, ya estaba involucrado activamente en el ministerio. A los 16 años ya lideraba como capitán de autobús. No esperó “tener más edad” o “más preparación”—simplemente dijo sí a Dios con lo que tenía.
En 1984, rindió su vida como misionero a Japón. No era un destino fácil. Japón es conocido por su desarrollo, pero también por la dureza espiritual de su gente. Aun así, Dios lo llamó… y él obedeció.
Después de su preparación bíblica y su matrimonio con Jenny, llegaron al campo misionero en 1988. Durante 24 años, sirvieron fielmente en Japón, comenzando iglesias en lugares como Osaka, Kobe y en el norte de Honshu. No solo predicaron el evangelio—establecieron iglesias, discipularon creyentes y formaron bases sólidas donde antes no había testimonio.
Su ministerio no fue rápido ni fácil. Japón es un campo donde el fruto muchas veces es lento. Pero ellos permanecieron. Porque el llamado de Dios no siempre es visible en resultados inmediatos, sino en fidelidad constante.
Pero algo aún más impactante: sus hijos también siguieron al Señor. Algunos sirven en ministerios, y varios están involucrados en misiones, incluso en lugares como Nueva Zelanda. Esto nos recuerda que el mayor legado no es solo lo que hacemos… sino lo que transmitimos.
Hoy, siguen sirviendo, ahora guiando y fortaleciendo a misioneros en toda Asia y el Pacífico. Su “sí” a Dios no fue momentáneo—fue una decisión de toda la vida.
Al contemplar esto, surge una pregunta personal: ¿Está tu vida siendo una ofrenda delante de Dios… o solo una intención?
Dios no busca personas perfectas. Busca corazones rendidos. Personas que, como David y Jenny, estén dispuestas a obedecer sin ver todo el camino.
Tal vez Dios no te llame a Japón. Pero sí te llama a rendirte. Y cuando una vida se rinde completamente… se convierte en una ofrenda que impacta generaciones.
Leer: 2 Samuel 22-24; Salmos 140-141; Proverbios 11
En el cántico de David (cap. 22), ¿qué elemento usa repetidamente para describir cómo Dios lo libró de sus enemigos?
