La seriedad de la obediencia

“Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente, el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto usted desechó la palabra de Jehová, Él también le ha desechado para que no sea rey”.

1 Samuel 15:22-23


Saúl había recibido un mandato claro de Dios: destruir completamente a los amalecitas y todo lo que les pertenecía. Sin embargo, decidió obedecer solo en parte. Guardó lo mejor del ganado y perdonó al rey Agag. Cuando Samuel llegó, Saúl salió a recibirlo con entusiasmo y le dijo: “¡He cumplido la palabra de Jehová”! Sabía que no era verdad. Samuel lo sabía. Y, sobre todo, Dios lo sabía.


Muchas personas nos hemos acostumbrado a una obediencia parcial. Justificamos nuestras pequeñas desobediencias, las disfrazamos de “buenas intenciones” o las minimizamos diciendo: “casi obedecí”. Pero Dios no ve la obediencia a medias como algo aceptable. Para Él, la rebelión es tan grave como la adivinación, y la obstinación es como la idolatría.


La obediencia no es opcional cuando entendemos quién es Dios. Él es nuestro Creador. Nosotros somos Su creación. Él nos ha dado el inmenso privilegio de tener una relación con Él, a pesar de que no merecemos absolutamente nada. Esa gracia debería llenarnos de asombro y gratitud. Como dice Romanos 12:1-2, presentar nuestro cuerpo en obediencia es nuestro “culto racional”. Es lo mínimo que podemos hacer ante tanto amor.


Todo lo que Dios nos pide obedece a dos grandes propósitos: nuestro bien y Su gloria. Nunca nos manda algo que nos destruya; siempre nos dirige hacia lo mejor. Aun cuando Su voluntad sea difícil o contraria a nuestros deseos, podemos confiar en que Su camino es perfecto.


Es triste ver cómo algunas personas invierten más esfuerzo en buscar excusas, justificaciones o formas de evadir la voluntad de Dios, que el que les tomaría simplemente obedecer. Discuten, razonan, negocian y se esfuerzan por encontrar una salida, cuando la solución es sencilla: rendirse y decir: “Sí, Señor”.


Hoy es un buen día para hacer un examen honesto de su vida:

• ¿En qué área está practicando una obediencia parcial?

• ¿Hay algún mandato claro de Dios que esté ignorando o modificando a su conveniencia?

• ¿Está justificando algo que en el fondo sabe que desagrada al Señor?


No lo deje para mañana. Confiéselo delante de Dios con sinceridad. Arrepiéntase, pida perdón y la fuerza para corregirlo hoy mismo. Dios es misericordioso y está dispuesto a restaurarle, pero requiere que seamos honestos con Él y con nosotros mismos.


Leer: 1 Samuel 15-17; Salmo 119:97-128; Proverbios 31

¿Será que Dios estaba animando a Samuel de estar listo para mentir en 1 Samuel 16:2? ¿Como expliqué este versículo en su contexto?