El impulso de la fe

“Dijo, pues, Jonatán a su paje de armas: Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos. Y su paje de armas le respondió: Haz todo lo que tienes en tu corazón; ve, pues aquí estoy contigo a tu voluntad”.

1 Samuel 14:6-7


Vemos el rostro valiente de Jonatán y de su escudero. Dos hombres solos, sin ejército, sin un plan detallado, pero con una convicción profunda: la victoria no depende de la cantidad de soldados, sino del Señor. Es impresionante que enfrentaran y derrotaran a veinte soldados filisteos. Sin embargo, lo más poderoso no fue su fuerza humana, sino lo que Dios hizo con ese pequeño acto de fe y obediencia.


El Señor tomó ese impulso y sembró pánico en el campamento filisteo. Los mismos enemigos se volvieron unos contra otros. Luego, otros pueblos que habían sido maltratados y oprimidos por los filisteos vieron el movimiento de la batalla y se levantaron contra ellos. El rey Saúl y su grupo, que observaban desde lejos, se unieron en el momento en que vieron que la victoria ya estaba del lado del Señor. La fe y la obediencia de solo dos personas crearon un impulso que ganó una batalla mayor. ¡Qué ejemplo tan poderoso! A veces, solo se necesita una o dos personas dispuestas a hacer un sacrificio, a dar el primer paso de fe, para que Dios desate algo monumental.


En la Alemania Oriental comunista de 1989, un pastor llamado Christian Führer lideraba la iglesia de San Nicolás en Leipzig. Cada lunes, un pequeño grupo de personas se reunía para orar por la paz y por el fin de la opresión. Al principio eran solo unas pocas decenas, pero se mantenían fieles en su oración y obediencia a Dios, a pesar del riesgo de ser vigilados y perseguidos por el régimen.


Ese pequeño acto de fe —un grupo reducido dispuesto a sacrificarse reuniéndose públicamente para orar— generó un impulso increíble. Las reuniones crecieron hasta miles de personas. La gente comenzó a salir a las calles con velas en las manos, clamando por libertad de manera pacífica. Ese impulso se extendió por todo el país. El 9 de noviembre de 1989, el Muro de Berlín cayó sin un solo disparo. Millones de personas recuperaron su libertad, y el comunismo en Europa del Este se derrumbó.


Una iglesia pequeña, un pastor y un grupo de creyentes obedientes crearon un impulso que cambió la historia de una nación y de todo un continente, exactamente como Jonatán y su escudero.


Dios sigue buscando “Jonatán y escuderos” en nuestra generación: personas comunes, como usted y como yo, que estén dispuestas a dar el primer paso aunque parezca imposible. Tal vez sea hablar de Cristo en su trabajo, perdonar a alguien que le hirió, orar consistentemente por un milagro en su familia, o iniciar un pequeño grupo de estudio bíblico. No necesita un ejército; solo necesita fe y obediencia.


El Señor se encarga del resto. Él convierte nuestro pequeño impulso en victoria. ¿Está usted listo para ser esa “una o dos personas” que Dios use para cambiar su hogar, su iglesia o su comunidad?


Leer: 1 Samuel 13-14; Salmo 119:65-96; Proverbios 30

¿Por qué el ejército de Saúl estaba tan cansados y que podemos aprender de esta parte de la historia?