Una decisión propia y obvia
“Y pasó a su hijo por fuego, y se dio a observar los tiempos, y fue agorero, e instituyó encantadores y adivinos, multiplicando así el hacer lo malo ante los ojos de Jehová, para provocarlo a ira”.
2 Reyes 21:6
Es importante recordar que Manasés era hijo de Ezequías, un rey que había hecho lo recto delante de Dios y había traído bendición al pueblo. Sin embargo, cuando Manasés llegó al trono, tomó sus propias decisiones. A pesar del buen testimonio de su padre, eligió un camino de rebeldía: practicó la idolatría más grave, consultó adivinos y provocó la ira del Señor. Su pecado no solo afectó su vida, sino que arrastró a toda la nación.
Aquí hay una lección clara para nosotros: aunque otros a nuestro alrededor hayan caminado con Dios, cada persona tiene que hacer su propia elección. Es fácil culpar a los padres, al pastor, a la familia o a las circunstancias. Pero la Palabra nos muestra que el pueblo también decidió seguir el ejemplo de Manasés. Todos rendiremos cuentas por las decisiones que tomamos personalmente delante de Dios.
El Señor no nos obliga a obedecerle. Él desea que vivamos una vida de obediencia, disfrutando de Su paz, Su protección y las bendiciones que vienen cuando caminamos en Sus caminos. Quiere librarnos de los problemas y del dolor que trae el pecado y la desobediencia. Pero la decisión final es nuestra.
Por eso, hoy le invito a reflexionar: ¿Qué clase de vida estoy eligiendo? ¿Seguiré el camino de obediencia al Señor, o me inclinaré hacia lo que parece más fácil o atractivo en el momento? Nadie puede decidir por usted. Ni su crianza cristiana, ni los buenos ejemplos que ha visto, ni las oraciones de otros. Usted decide cada día a quién servirá.
Pide al Espíritu Santo que le ayude a examinar su corazón. Si ha estado caminando en una dirección que no agrada a Dios, hoy es un buen día para volver a Él. Elija la obediencia. Elija la vida. Elija disfrutar de la bendición que viene cuando servimos al Señor con sinceridad.
Leer: 2 Reyes 20-22; Salmos 34-36; Proverbios 28
¿Cuánto tiempo tardó Dios en responder al ruego del rey en su cama de muerte?
