Comiendo a la mesa del enemigo
“Y diariamente le fue dada su comida de parte del rey, de continuo, todos los días de su vida”.
2 Reyes 25:30
Hemos terminado el libro de los Reyes, y en este versículo encontramos al rey Joaquín, ahora cautivo en Babilonia. Solo reinó tres meses. Las decisiones de su padre contra Dios habían llevado a la nación por una pendiente descendente que culminó en su completa destrucción. Sin embargo, observamos un acto de favor: el rey de Babilonia le cambió sus vestidos de prisionero, le dio un lugar a su mesa y le proveyó alimento diariamente durante el resto de su vida.
Dios estaba cuidando de Joaquín incluso en el cautiverio. Pero debemos reconocer que él nunca debió haber estado allí. Vivía lo que había sido predicho y que era totalmente evitable.
Dios había prometido juzgar a Su pueblo si no le seguían ni le obedecían. Les dio tantas oportunidades para arrepentirse, pero Su pueblo lo rechazó. Ellos mismos causaron el problema. Llegó el momento en que Dios dejó de contener las consecuencias que ellos mismos habían pedido con sus acciones.
Es fácil culpar a Dios por todo, especialmente por las cosas malas. Pero los hijos de Israel nunca debieron llegar a esa terrible situación. Sus decisiones tuvieron consecuencias graves. Usted también, querido lector, debe reconocer hoy que muchas de las dificultades en las que nos encontramos son el resultado de nuestras propias elecciones contrarias a la voluntad de Dios.
Decida hoy seguir a Dios y confiar en Él, aun cuando no entienda lo que sucede. Dios sabe perfectamente lo que hace y está dispuesto a instruirlo en los caminos rectos. No espere a que las consecuencias lo alcancen; busque Su rostro, obedezca Su Palabra y camine en Su temor. Él es fiel para guardar y sostener a quienes le son leales.
Leer: 2 Reyes 23-25; Salmos 37-39; Proverbios 29
Según información fuera de la Biblia, ¿en qué año sucedió eso de la destrucción de la casa de Jehová como leímos en la lectura de hoy?
