Edificando para el Dios grande

“Y la casa que tengo que edificar, ha de ser grande; porque el Dios nuestro es grande sobre todos los dioses. Mas ¿quién será capaz de edificarle casa, siendo que los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerlo? ¿Quién soy yo, pues, para que le edifique casa, salvo para ofrecerle incienso delante de él?”

2 Crónicas 2:5-6


El rey Salomón comprendía con sabiduría que lo que construía para Dios debía ser magnífico. Sabía que el templo tenía que reflejar la grandeza del Dios al que servía. Sin embargo, también reconocía humildemente que ni el templo más espléndido podría contener al Creador del universo. Los cielos más altos no pueden limitarlo; mucho menos una estructura hecha por manos humanas.


La casa de Dios no es solo un edificio de paredes y techos. Es el lugar donde nos reunimos, lo adoramos, escuchamos Su Palabra y aprendemos de Él.  Allí cultivamos nuestra relación con el Señor y recibimos dirección para nuestra vida. Todo lo que Dios hace es excelente y de primera clase. Por eso, todo lo que hagamos en Su nombre debe hacerse con la misma excelencia.


Salomón tuvo éxito porque puso su mirada en Dios y le entregó lo mejor que tenía. Dios le había dado mucho, y él lo devolvió con generosidad y esfuerzo total. 


Hoy vivimos en una cultura que muchas veces ofrece a Dios las sobras: el tiempo que sobra, los recursos que quedan, el esfuerzo mínimo. Pero eso no es bíblico, ni práctico, ni realista. Dios merece lo primero y lo mejor de nosotros.


•¿Qué está usted edificando para el Señor en esta temporada de su vida? (Su familia, su trabajo, su ministerio, su testimonio)

•¿Está dando a Dios lo mejor de su tiempo, sus dones y sus recursos, o solo lo que le sobra?

•Recuerde: no podemos construir nada en esta tierra que refleje perfectamente a Dios, pero sí podemos esforzarnos por hacerlo con excelencia, como una ofrenda digna de Él.


No tema dar lo mejor hoy. Entregue sin reservas su tiempo, sus talentos y sus posesiones. Dios es fiel y se encargará de los detalles. Cuando ponemos nuestra mirada en Su grandeza, Él nos capacita para servirle con todo el corazón.


Leer: 2 Crónicas 2-5; Salmos 73-75; Proverbios 11

¿Qué pidió/exigió el Rey Salomón del Rey de Tiro y por qué lo hizo?