Contemplar y vivir para Su gloria
“Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga; haga resplandecer su rostro sobre nosotros; Selah. Para que sea conocido en la tierra tu camino, en todas las naciones tu salvación.”
Salmos 67:1-2
La vida de Felipe Saint es un ejemplo claro de lo que sucede cuando una persona aprende, desde temprano, a contemplar a Dios. No se trata simplemente de conocer acerca de Él, sino de detenerse a considerar Su carácter, Su fidelidad y Su plan, permitiendo que esa visión moldee cada decisión. Felipe creció en un hogar cristiano donde esto era una práctica diaria. Su padre guiaba fielmente devocionales familiares, sembrando en sus hijos un amor profundo por la Palabra de Dios. En ese ambiente, Felipe no solo escuchó acerca de Dios; aprendió a contemplarlo.
Esa contemplación produjo fruto. En la familia Saint, varios de los hijos entregaron sus vidas al servicio del Señor, incluyendo a su hermano, Nate Saint, cuyo sacrificio en Ecuador marcó profundamente la historia misionera. Sin embargo, Dios también estaba escribiendo una obra particular en la vida de Felipe. Él comenzó su ministerio como predicador dibujante, usando la creatividad que Dios le había dado para comunicar verdades eternas. Mientras las personas observaban sus dibujos formarse con tiza, eran guiadas a contemplar algo mucho más grande: el mensaje del evangelio y el amor de Cristo en la cruz.
Este enfoque refleja el principio de 2 Corintios 3:18, donde se nos recuerda que al contemplar la gloria del Señor somos transformados. Felipe entendió que el impacto verdadero no venía de su habilidad artística, sino de dirigir la mirada de otros hacia Dios. Sus dibujos eran simplemente un medio; el propósito era que otros también contemplaran y fueran transformados.
Con el tiempo, Dios puso en su corazón el llamado misionero hacia Latinoamérica. Después de buscar la dirección del Señor, Felipe y su esposa Ruth respondieron en obediencia, primero preparándose en Costa Rica y luego estableciéndose en Córdoba, Argentina, en 1955. Esta decisión no fue impulsiva, sino el resultado de un corazón que ya había aprendido a contemplar a Dios y, por lo tanto, a confiar en Su guía. Como enseña el Salmo 67, Dios bendice y se revela para que Su salvación sea conocida entre las naciones, y Felipe decidió ser parte activa de ese propósito.
En el campo misionero, continuó utilizando sus talentos con un enfoque claro: que Dios fuera glorificado. A través de historias y dibujos, captaba la atención de quienes escuchaban, pero siempre llevando sus corazones hacia Cristo. Muchos llegaron a conocer la salvación, evidenciando que cuando una vida está rendida a Dios, Él puede usar incluso las habilidades más sencillas para lograr resultados eternos.
La vida de Felipe Saint nos recuerda que contemplar a Dios no es un acto pasivo. Es el inicio de una transformación que inevitablemente conduce a la obediencia. Cuando realmente vemos quién es Dios, no podemos quedarnos igual; somos movidos a vivir para que otros también lo conozcan.
Leer: 1 Crónicas 25-27; Salmos 67-69; Proverbios 9
En la lista de los porteros, ¿qué detalle se menciona acerca de los hijos de Obed-edom que revela la bendición de Dios sobre su casa?
