Cuando el pasado no deja avanzar

“Y muchos de los sacerdotes, de los levitas y de los jefes de casas paternas, ancianos que habían visto la casa primera, viendo echar los cimientos de esta casa, lloraban en alta voz, mientras muchos otros daban grandes gritos de alegría”.

Esdras 3:12


El pueblo de Israel acababa de regresar del exilio. Después de años de dolor, disciplina y destrucción, finalmente estaban levantando nuevamente el templo de Dios. Era un momento histórico: los cimientos de la nueva casa estaban siendo colocados.


Sin embargo, ocurrió algo muy significativo. Mientras muchos celebraban con alegría, otros lloraban profundamente. Los ancianos recordaban el antiguo templo de Salomón y, al comparar aquella gloria pasada con esta nueva construcción mucho más humilde, su corazón se llenó de tristeza. No lloraban porque Dios no estuviera obrando. Lloraban porque la nueva obra no se parecía a la anterior. Y muchas veces, nosotros hacemos exactamente lo mismo.


Hay personas que viven atrapadas en el pasado: una etapa mejor de su vida, una relación pasada, una antigua experiencia espiritual, un ministerio que antes florecía, tiempos donde “todo era mejor”. Recordar no es el problema. El problema comienza cuando la comparación constante nos impide reconocer lo que Dios está haciendo hoy.


Los ancianos podían ver los cimientos, pero su corazón seguía mirando las ruinas del ayer.


A veces Dios quiere comenzar algo nuevo en nosotros, pero seguimos comparando, resistiendo, lamentando y esperando que todo vuelva a ser exactamente igual. Sin embargo, Dios no siempre restaura repitiendo el pasado; muchas veces restaura creando algo completamente nuevo.


El nuevo templo parecía pequeño en comparación con el primero, pero Dios seguía presente allí. Esto nos recuerda que la presencia de Dios no depende de la grandeza visible. Tal vez hoy su vida no luce como antes, su familia no está como antes, su relación con Dios se siente diferente o su ministerio ha tenido que comenzar de nuevo desde cero. Pero si Dios está poniendo nuevos fundamentos, no debemos despreciar esa etapa.


A veces lloramos por lo que perdimos, mientras Dios está celebrando lo que está naciendo.


También existe el peligro de idealizar el pasado. El enemigo muchas veces usa la nostalgia para paralizarnos, haciéndonos pensar: “Nunca volveré a sentirme así”, “Nunca será como antes” o “Los mejores días ya pasaron”. Pero la Biblia nos muestra a un Dios que constantemente hace cosas nuevas. Él no quería que Israel viviera mirando únicamente hacia atrás, sino que aprendiera a reconocer Su obrar en el presente.


Hay temporadas en las que es necesario soltar para poder avanzar. No podemos abrazar lo nuevo de Dios si nuestras manos siguen aferradas al ayer. Eso incluye heridas pasadas, fracasos, decepciones, antiguas glorias o temporadas que ya terminaron. Algunas personas están tan enfocadas en lo que perdieron que no logran ver lo que Dios está construyendo delante de ellas.


Sin embargo, los cimientos del nuevo templo eran una evidencia clara de que Dios no había abandonado a Su pueblo. De la misma manera, los nuevos comienzos en nuestra vida son evidencia de Su fidelidad.


Hoy es un buen momento para evaluar el corazón: ¿hay algo del pasado que le está impidiendo abrazar lo nuevo que Dios quiere hacer? Tal vez ha estado comparando su presente con una etapa anterior, o ha pasado tanto tiempo lamentando lo perdido que no ha podido agradecer por lo que Dios aún está edificando. Dios no ha terminado con usted. Aunque este nuevo comienzo parezca pequeño, Él sigue poniendo fundamentos. Y todo lo que Dios edifica sobre fundamentos firmes tiene propósito eterno.


Video de hoy: https://youtu.be/QJox0X5tBr4


Esdras 1–3, Salmos 103–105, Proverbios 20

¿Cómo iban a ayudar a todo aquel que había quedado morando?