Santo como Jehová

“Porque Yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros, por tanto, os santificaréis, y seréis santos, porque Yo soy santo; así que no contaminéis vuestras personas con ningún animal que se arrastra sobre la tierra. Porque Yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios; seréis, pues, santos, porque Yo soy santo”.

Levítico 11:44-45


Estos versículos aparecen al final de la larga lista de animales limpios e inmundos en Levítico 11. Las reglas sobre la comida no eran solo normas dietéticas o de salud; servían como recordatorio diario para que el pueblo de Israel viviera apartado y dedicado a Dios. Cada comida era una oportunidad para obedecer y recordar que pertenecían a un Dios santo.


Dios repite: “seréis santos, porque Yo soy santo”. La santidad significa estar apartado, distinto del mundo, y reflejar el carácter de Dios en toda nuestra vida. Los israelitas debían evitar contaminarse físicamente con ciertos animales, pero también simbólicamente en su manera de vivir.


Hoy, aunque Jesús declaró limpios todos los alimentos (Marcos 7:19) y nos limpia por Su sacrificio, el llamado central permanece: no conformarnos al mundo en impureza, compromiso o egoísmo, sino buscar la santidad en pensamientos, palabras, relaciones y decisiones cotidianas.


La base de este llamado es la liberación de Dios: Él los sacó de Egipto para ser Su Dios, y hoy nos ha redimido del pecado para que vivamos de manera diferente, como pueblo que pertenece a un Dios santo.


Leer: Levítico 11-13; Salmo 44; Proverbios 4

¿Qué significa prácticamente “ser santos, porque yo soy santo” en la semana actual? ¿Qué pasos concretos puede dar personalmente?