No olvidamos Sus maravillas
“Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; Y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos”.
Salmos 78:6
El Salmo 78 es un recorrido por la historia del pueblo de Israel. En sus páginas encontramos victorias y derrotas, momentos de obediencia y tiempos de rebelión, temporadas de abundancia y también de disciplina. Sin embargo, por encima de todo sobresale una verdad inmutable: la fidelidad de Dios.
Una y otra vez el pueblo falló, pero Dios permaneció fiel. Él abrió el mar, envió alimento del cielo, proveyó agua en el desierto, corrigió cuando fue necesario y nunca dejó de cumplir Sus promesas. La historia de Israel no es, principalmente, la historia de un pueblo; es la historia de un Dios misericordioso que nunca abandona a los Suyos.
El propósito del salmo no era simplemente recordar el pasado. Asaf insiste en que cada generación debe contar a la siguiente las maravillas que Dios ha hecho. Los hijos y los nietos debían conocer la fidelidad del Señor para aprender a confiar en Él y poner en Él su esperanza.
Ese mismo principio sigue siendo necesario hoy. Al mirar nuestra propia vida también encontramos capítulos alegres y capítulos difíciles. Recordamos oraciones contestadas, pruebas que parecían imposibles, momentos en que Dios proveyó cuando no había salida, ocasiones en las que nos corrigió con amor y muchas veces en las que nos sostuvo con Su gracia. Al igual que Israel, nuestra historia está llena de evidencias de la fidelidad de Dios.
Lo mismo ocurre con la vida de una iglesia. Con el paso de los años hay tiempos de crecimiento y tiempos de prueba; momentos de alegría y momentos de lágrimas. Dios forma, dirige, corrige, fortalece y cumple Sus propósitos. Lo que permanece constante no son las circunstancias, sino el Señor, quien ha guiado cada paso con perfecta sabiduría.
Por eso es tan importante contar las historias de la fidelidad de Dios. Las nuevas generaciones necesitan escuchar cómo el Señor ha obrado. No para exaltar a personas, sino para que conozcan al Dios que sigue haciendo maravillas y aprendan a confiar en Él.
El salmo concluye diciendo acerca de Dios: “Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón, Los pastoreó con la pericia de Sus manos” (Salmo 78:72). ¡Qué hermosa descripción de nuestro Dios! Él guía a Su pueblo con un corazón perfecto y con manos que nunca se equivocan. A lo largo de nuestra vida y de la historia de nuestra iglesia, hemos comprobado una y otra vez que Su dirección siempre ha sido buena.
Al recordar todo lo que Dios ha hecho, que nuestro corazón se llene de gratitud. Y que nunca dejemos de contar a la siguiente generación las grandes obras del Señor, para que ellos también pongan su esperanza en Él y experimenten por sí mismos Su inagotable fidelidad.
Leer: Salmo 78-79; Lucas 9-10; Proverbios 28
Según el Salmo 78, ¿cuáles fueron las dos razones por las que Dios mandó que Su pueblo enseñara Sus obras a la siguiente generación?
