Considerar a un hombre que afila a otros
“Hierro con hierro se aguza; Y así el hombre aguza el rostro de su amigo”.
Proverbios 27:17
Hoy queremos considerar la vida de un hombre que entendió que el Señor no solo nos llama a seguirle, sino también a invertir en la vida de otros. Nos referimos al misionero Jamie Smithey.
Jamie Smithey nació y creció cerca de las montañas de Carolina del Norte. A la edad de diecinueve años aceptó a Jesucristo como su Salvador mientras asistía a la Iglesia Bautista Cherry Grove, en Wilkesboro. Desde ese momento comenzó un nuevo caminar con el Señor.
Uno de los instrumentos que Dios utilizó para moldear su vida fue su pastor, Philip Moore. Él lo discipuló, lo animó a crecer espiritualmente y le ayudó a responder al llamado de Dios para predicar. Este es un hermoso recordatorio de que Dios muchas veces obra por medio de hombres fieles que invierten en las generaciones que vienen detrás de ellos.
Después de mucha oración y de buscar consejo, Jamie siguió la dirección del Señor y estudió en Crown College and Seminary, donde completó sus estudios universitarios y de posgrado, preparándose para servir a Dios de tiempo completo.
En 1998 contrajo matrimonio con Erica. Dios les ha bendecido con tres hijos: Morgan, Luke y Meredith. Como familia han procurado servir al Señor unidos, entendiendo que el ministerio no es solo una labor personal, sino una obra que Dios realiza a través de hogares que desean honrarle.
Más adelante sirvió como pastor asistente y administrador de una escuela cristiana bajo la dirección del Dr. Dan Reed en Harvest Baptist Church, en el área metropolitana de Atlanta. Mientras servían allí, Dios puso en sus corazones una carga por las misiones y los dirigió a Chile.
En el año 2015, después de recorrer numerosas iglesias presentando el ministerio que Dios les había encomendado, la familia Smithey llegó a Santiago de Chile. Durante seis años plantaron dos iglesias y colaboraron con otras obras, animando a pastores, fortaleciendo nuevas congregaciones y participando en campañas evangelísticas para llevar el evangelio a muchas personas.
Actualmente sirven en Lancaster, California, donde el Señor les ha dado un nuevo campo misionero. Jamie dirige el Departamento de Misiones de West Coast Baptist College y forma parte del equipo ministerial de Lancaster Baptist Church. Allí continúa haciendo lo que ha caracterizado toda su vida: invertir en otros. Cada clase que enseña, cada consejo que ofrece y cada joven al que anima puede convertirse en un futuro misionero, pastor o siervo fiel que llevará el evangelio a otra ciudad o a otro país.
Quienes conocen a Jamie y Erica también destacan otra característica que Dios ha desarrollado en sus vidas: un espíritu de ánimo y un corazón dispuesto para servir. Tienen la sensibilidad de ver las necesidades a su alrededor y la disposición de hacer todo lo posible para suplirlas. Ya sea en una iglesia, una conferencia, un salón de clases o en el campo misionero, buscan servir con gozo, animar a otros y reflejar el amor de Cristo. Ese espíritu de servicio ha sido de gran bendición para innumerables personas a lo largo de los años.
Las vidas del hermano Jamie y hermana Erica nos recuerda que Dios usa a personas dispuestas a ser enseñadas para después enseñar a otros. Primero fue discipulado por un pastor; luego discipuló creyentes en Chile; ahora prepara a una nueva generación de obreros para la mies. Así es como el evangelio continúa avanzando: de una vida transformada a otra, de una generación a la siguiente.
Que su ejemplo nos anime a mantener un espíritu enseñable, a invertir en otros y a vivir con una visión que vaya más allá del presente. Nunca sabemos cómo Dios usará una palabra de ánimo, una enseñanza bíblica o un acto de amor para transformar una vida y extender Su Reino.
Leer: Salmos 74-77; Lucas 7-8; Proverbios 27
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