Seguro en el Torre
"Desde el fin de la tierra clamaré a Ti, cuando mi corazón desmaye; llévame a la roca que es más alta que yo. Porque Tú has sido refugio para mí, torre fuerte delante del enemigo".
Salmo 61:2-3
En los tiempos antiguos, cuando los hombres enfrentaban los peligros del mar, construyeron una de las estructuras de piedra más impresionantes de la historia: el Faro de Alejandría, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. Erigido alrededor del año 280 antes de Cristo por orden del rey Tolomeo II en la isla de Faros, frente al puerto de Alejandría, este faro se alzaba majestuosamente a más de cien metros de altura.
Sus constructores utilizaron enormes bloques de piedra caliza y granito para formar una base cuadrada, seguida de una sección octagonal y una parte superior cilíndrica. En la cúspide, un fuego ardía de noche y un gran espejo reflejaba la luz del sol durante el día, proyectando su resplandor hasta cuarenta y siete kilómetros mar adentro. Durante más de mil quinientos años, esta torre de piedra sirvió como guía para los navegantes azotados por las tormentas. Los conducía hacia un puerto seguro y los protegía de los peligrosos arrecifes y escollos cercanos a la costa. Su imponente presencia recordaba que existía un lugar alto y fuerte donde encontrar refugio y dirección en medio de la adversidad.
De manera similar, el rey David, ungido por Dios y valiente guerrero, experimentó en múltiples ocasiones una necesidad desesperada de la ayuda y protección divina. Una de sus mayores fortalezas era reconocer su propia debilidad y su completa dependencia de Dios. Para David, el Señor era su refugio seguro y su torre fuerte, exactamente como lo es para nosotros hoy.
Una observación interesante es que una torre fuerte solo resulta útil cuando alguien corre a refugiarse dentro de ella en el momento de la prueba. Con demasiada frecuencia, en medio de las batallas espirituales que enfrentamos, contemplamos a Dios como una torre fuerte que permanece a la distancia. Sin embargo, Él nos invita a acercarnos, a buscar activamente Su presencia y a permanecer firmes en el centro de Su voluntad. No existe lugar más seguro que el centro de la voluntad de Dios.
Por ello, cuando sienta que su corazón desfallece y las circunstancias lo empujen al límite, recuerde que el mismo Dios que fue torre fuerte para David lo invita hoy a refugiarse en Él. No se conforme con mirar la torre desde lejos; entre en ella mediante la fe, la oración constante y la obediencia a Su Palabra.
Permanezca en el centro de Su voluntad. Allí la tormenta puede rugir a su alrededor, pero usted permanecerá seguro bajo la sombra protectora del Altísimo. Esa es la roca más alta, la torre inquebrantable que nunca falla.
Leer: Salmos 58-65; Lucas 1-2; Proverbios 24
¿Qué dijo David que era mejor que la vida misma?
