Dios firme

“Tus testimonios son muy firmes; la santidad conviene a tu casa, oh Jehová, para siempre”. 

Salmo 93:5


En un mundo donde todo parece cambiar y moverse sin cesar —las opiniones, las estructuras sociales, las circunstancias que un día parecen firmes y al siguiente se desmoronan—, la Palabra de Dios nos ofrece un consuelo profundo y constante. Este versículo nos invita a contemplar a nuestro Dios y a reconocer que Sus testimonios son muy firmes, que Su santidad adorna Su casa para siempre y que Él mismo es inamovible. Las fuerzas que se oponen a la verdad pueden rugir con violencia, pero nuestro Dios no se inclina, no se doblega ni se deja arrastrar por el caos de este siglo.


El 19 de abril de 1995, un terrible atentado terrorista destruyó por completo el edificio federal Alfred P. Murrah en Oklahoma City, Estados Unidos, cobrando la vida de 168 personas y dejando un paisaje de destrucción absoluta. En el estacionamiento contiguo se erguía un olmo americano centenario, el único árbol que daba sombra en aquel lugar. La explosión le arrancó la mayor parte de sus ramas, incrustó cristales y escombros en su tronco y el fuego de los automóviles cercanos ennegreció lo que quedaba. Parecía imposible que sobreviviera. Durante la investigación inicial, las autoridades consideraron seriamente cortarlo para recuperar la evidencia incrustada en su corteza. Sin embargo, el árbol resistió. No cayó. Casi un año después, cuando familiares de las víctimas, sobrevivientes y rescatistas se reunieron cerca de él para una ceremonia de recuerdo, notaron algo que conmovió a todos: el árbol había comenzado a florecer de nuevo. Hoy, ese olmo es conocido como el Árbol Sobreviviente y constituye el centro mismo del Memorial Nacional de Oklahoma City. Protegido y cuidado con reverencia, se alza como un testimonio viviente de que es posible permanecer en pie cuando las fuerzas más destructivas intentan borrarlo todo.


Este árbol nos recuerda de manera poderosa el carácter de nuestro Dios. Así como él se mantuvo arraigado y firme cuando todo a su alrededor era sacudido hasta los cimientos por una explosión devastadora, nuestro Señor permanece inconmovible ante todas las fuerzas que se levantan contra Él y contra Su pueblo. Sus testimonios son firmes porque Su naturaleza es eterna y santa. Las culturas se transforman, los imperios caen, las ideologías pasan de moda, pero Jehová no cambia. Su santidad no se contamina con el pecado del mundo ni con el vaivén de las circunstancias. Por esta razón, la santidad conviene a Su casa para siempre. El lugar que Dios ha establecido para el encuentro con Él —ya sea el edificio de la iglesia local o el templo vivo de nuestro corazón— debe ser un espacio santo, apartado, que refleje con claridad quién es nuestro Dios. No puede ser un sitio común o mezclado con lo mundano, sino un ambiente que prepare nuestros espíritus para adorarlo en espíritu y en verdad, con reverencia y con el corazón dispuesto.


Usted que hoy medita en estas verdades, ¿sobre qué fundamento está edificando su vida? ¿Permite que las circunstancias movedizas y las presiones de este mundo lo hagan tambalear, o está profundamente arraigado en los testimonios firmes de la Palabra de Dios? Nosotros hemos sido bendecidos con un Creador maravilloso, un Amigo leal, un Consolador presente y un Dios firme y santo. Honrémoslo con todo nuestro corazón y con toda nuestra vida, eligiendo vivir de manera santa y firme, como corresponde a quienes pertenecemos a un Rey eterno que nunca se mueve ni se doblega. Debe ser que nuestras raíces se profundicen cada día más en Él, para que, cuando las tormentas lleguen, permanezcamos confiando en Él, dando testimonio de Su gloria inmutable.


Leer: Salmos 90-95; Lucas 15-16; Proverbios 1

En Salmo 95:8-11 hay una advertencia basada en un recuerdo del pasado. ¿A qué acontecimiento de la historia de Israel se refiere?