Usar todo para alcanzar a otros
“Mejor es el fin del negocio que su principio; mejor es el sufrido de espíritu que el altivo de espíritu”.
Eclesiastés 7:8
Kevin Walker fue salvo a la edad de siete años. Siendo todavía adolescente, comenzó a predicar bajo el ministerio del Dr. Carl Hatch. Desde muy joven, Dios comenzó a formar en su corazón un deseo de servirle y comunicar Su verdad a otros.
Después de graduarse de la escuela secundaria, Kevin ingresó a la Universidad Bíblica Hyles-Anderson, donde terminó sus estudios en 1985. Durante los siguientes cinco años sirvió como pastor asistente en Dwight, Illinois. Allí tuvo la oportunidad de servir en una iglesia local y aprender las responsabilidades del ministerio.
En 1990, Kevin comenzó a trabajar en un campamento cristiano. Una de las cosas que más disfrutó fue la oportunidad de influir en la vida de los jóvenes y ayudarles a conocer a Cristo. Al mismo tiempo, siempre que tenía la oportunidad, viajaba para predicar y evangelizar. Con el paso de los años, Dios fue guiando su ministerio hasta que, en 1999, dejó el campamento para dedicarse completamente a viajar dando el evangelio.
Su esposa, Loretta, también tiene un corazón especial para ayudar a las personas. Ella fue salva a los diecisiete años y estudió en la misma universidad que Kevin. Durante más de veinte años ha animado y enseñado en reuniones de damas, especialmente ayudando a mujeres que han sufrido heridas y dificultades en el pasado. También ha escrito libros para animar a otros en su caminar con Dios.
Durante muchos años, Kevin y su familia han viajado por los Estados Unidos predicando el Evangelio. Pero algo que destaca de su ministerio es su deseo de utilizar diferentes oportunidades y talentos para alcanzar a las personas.
Kevin inició un Carnaval de Vaqueros Cristiano, utilizando inflables y actividades para atraer a los niños y sus familias y compartir con ellos el Evangelio. Como Ranger Walker, también ministra utilizando una marioneta llamada Gaby, y a través de este ministerio ha producido materiales que han sido de bendición para niños y adultos. Su ministerio de rodeo incluye al caballo Champ y a la perrita Dixie Dawg, quienes realizan trucos mientras el Evangelio es presentado de una manera creativa y memorable.
Podría parecer que todas estas cosas son muy diferentes: predicar, cantar, trabajar con niños, usar marionetas o entrenar animales. Sin embargo, para los Walker todas tienen un mismo propósito: alcanzar personas con el Evangelio, invertir en familias, ver vidas transformadas, y ayudar a las personas a ser salvas, bautizadas y establecidas en una iglesia local.
Aquí encontramos algo digno de contemplar. Cuando observamos la vida y el ministerio de los Walker, podemos detenernos y pensar en la manera maravillosa en que Dios utiliza diferentes dones, talentos y oportunidades para cumplir Sus propósitos. Lo que para algunos podría parecer pequeño, sencillo o poco importante puede convertirse en una herramienta poderosa cuando está completamente entregada al Señor.
Esto nos recuerda una verdad importante: Dios puede usar cualquier habilidad, talento o capacidad que pongamos en Sus manos. No todos predicarán de la misma manera. No todos tendrán el mismo ministerio. Pero cada creyente puede preguntarse: “¿Cómo puedo usar lo que Dios me ha dado para alcanzar a otros?" Quizá usted tenga una habilidad que parece sencilla o común. Tal vez sabe enseñar, cantar, trabajar con niños, organizar, construir, cocinar o simplemente animar a otros. Cuando esas habilidades son entregadas al Señor, pueden convertirse en herramientas para Su obra.
Contemple hoy su propia vida. Deténgase a pensar en lo que Dios le ha dado: sus talentos, sus oportunidades, sus recursos, sus experiencias y hasta las puertas que Él ha abierto delante de usted. ¿Por qué se los ha dado? ¿Cómo podría utilizarlos para dirigir la atención de otros hacia Cristo?
Los Walker han dedicado sus talentos al propósito de Dios. Su ejemplo nos recuerda que no se trata de hacer algo extraordinario para llamar la atención sobre nosotros mismos, sino de usar todo lo que tenemos para dirigir la atención de otros hacia Cristo.
Leer: Eclesiastés 5-8; Hechos 23-24; Proverbios 25
Según Eclesiastés 5:1, ¿qué debemos hacer cuando vamos a la casa de Dios?
