Considere la vida de John Chapman

“Encomienda a Jehová tus obras, Y tus pensamientos serán afirmados”.

Proverbios 16:3


Hoy queremos considerar la vida de un hombre que decidió entregar completamente su vida al Señor y que Dios usó para llevar el evangelio a miles de personas: John Wilbur Chapman.


John Chapman nació el 17 de junio de 1859 en un hogar cristiano. Sus padres, Alexander H. y Lorinda Chapman, procuraron criar a sus hijos en el camino del Señor. Desde pequeño asistía fielmente a la escuela dominical, donde una maestra llamada la señorita Binkley mostró un interés especial por él. Ella notó que John luchaba con la seguridad de su salvación. Un día, después de un culto, se acercó a él y lo acompañó al altar para responder sus preguntas a la luz de la Palabra de Dios. Aquella conversación marcó profundamente su vida. Años más tarde, mientras asistía a una conferencia donde predicaba el reconocido evangelista D. L. Moody, John rindió completamente su vida al Señor para servirle. Desde ese momento, Dios comenzó a dirigir sus pasos de una manera extraordinaria.


Después de prepararse en un seminario bíblico, Chapman llegó a ser uno de los evangelistas más conocidos de su época. Dios le abrió puertas para predicar por toda Norteamérica y también en Asia. Miles de personas escucharon el mensaje del evangelio a través de su ministerio, y muchas vidas fueron transformadas por la gracia de Dios.


Sin embargo, la vida de John no estuvo libre de dolor. Como todo creyente, enfrentó pruebas y momentos de profunda tristeza. En lugar de permitir que esas circunstancias apagaran su fe, aprendió a acercarse aún más al Señor. Una de las maneras en que expresaba su confianza en Dios era escribiendo poemas e himnos que exaltaban la bondad y la fidelidad del Salvador.


Uno de esos poemas llegó a convertirse en el conocido himno “Un día”, que ha fortalecido la fe de creyentes durante generaciones. En sus palabras recordó el sufrimiento de Cristo, Su muerte, Su gloriosa resurrección y la esperanza de Su regreso. Lo que comenzó como la meditación personal de un hombre que caminaba con Dios terminó animando a incontables creyentes alrededor del mundo.


La vida de John Chapman nos recuerda que cuando encomendamos nuestra vida al Señor, Él puede usar incluso nuestras pruebas para bendecir a otros. Dios no desperdicia el dolor de Sus hijos. Él puede transformar nuestras lágrimas en un testimonio, nuestras luchas en fortaleza para otros y nuestra fidelidad diaria en una influencia que continuará mucho después de que hayamos partido a Su presencia.


Quizá usted nunca predique ante grandes multitudes ni escriba un himno conocido. Pero si decide encomendar cada área de su vida al Señor y caminar fielmente con Él, Dios también podrá usar su vida para dejar un legado eterno.


Considere hoy: ¿Está encomendando verdaderamente su vida y sus planes al Señor? ¿Está permitiendo que Dios use incluso las pruebas para fortalecer su fe y animar a otros? ¿Qué legado espiritual está dejando para quienes vienen detrás de usted?


Leer: Proverbios 16-18; Hechos 9-10

Según Proverbios 16, mencione cuatro contrastes entre el justo y el impío.