¡Aleluya!
"Aleluya. Alaba, oh alma mía, a Jehová. Alabaré a Jehová en mi vida; Cantaré salmos a mi Dios mientras viva".
Salmos 146:1-2
¿Qué significa realmente decir: "¡Alabado sea el Señor!"? Con frecuencia repetimos esa expresión en nuestros cultos, oraciones y conversaciones, pero el Salmo 146 nos ayuda a comprender que la alabanza es mucho más que unas palabras. Alabar al Señor es reconocer quién es Él, recordar lo que ha hecho, confiar plenamente en Él y responder con un corazón agradecido. No es simplemente cantar; es contemplar a Dios y darle la gloria que solo Él merece.
Después de invitar a su propia alma a alabar al Señor, el salmista nos recuerda dónde no debe estar nuestra confianza. "No confiéis en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación". Los seres humanos son limitados. Los gobiernos cambian, las personas fallan, los recursos se terminan y las promesas humanas muchas veces quedan sin cumplirse. Aun las personas más capaces tienen un día señalado en el que sus pensamientos perecen. Qué frágil es poner nuestra esperanza en aquello que es temporal.
Entonces el salmo responde una pregunta mucho más importante: ¿Quién es verdaderamente bienaventurado? La respuesta es sencilla y poderosa: "Bienaventurado aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en Jehová su Dios". La verdadera felicidad no depende de las circunstancias, de la salud, de la economía o de los logros personales. Es bienaventurado quien ha aprendido a descansar en Dios, porque Él nunca falla y jamás abandona a quienes ponen su confianza en Él.
A continuación, el salmista comienza a describir las maravillosas obras del Señor. Él hizo los cielos, la tierra y el mar. Guarda la verdad para siempre. Hace justicia a los oprimidos. Da pan a los hambrientos. Liberta a los cautivos. Abre los ojos de los ciegos. Levanta a los caídos. Ama a los justos. Guarda a los extranjeros. Sostiene al huérfano y a la viuda. Reina para siempre. Cada una de estas acciones revela el corazón de nuestro Dios: poderoso para crear el universo, pero también cercano para cuidar de cada necesidad de Sus hijos.
Qué maravilloso es saber que el Dios digno de toda alabanza no está distante de nosotros. Él gobierna el universo entero y, al mismo tiempo, conoce nuestras luchas, escucha nuestras oraciones y obra diariamente en favor de quienes le aman. Mientras los hombres cambian, Él permanece igual. Mientras las circunstancias son inciertas, Su fidelidad nunca disminuye.
Por eso el salmo termina exactamente donde comenzó: "Aleluya". Después de contemplar quién es Dios, no queda otra respuesta que alabarle. La verdadera adoración nace cuando dejamos de mirar nuestras circunstancias y comenzamos a contemplar la grandeza, la fidelidad y la bondad del Señor.
Hoy deténgase por un momento y pregúntese: ¿Dónde está realmente puesta mi confianza? ¿Estoy buscando seguridad en las personas o en Dios? ¿Estoy reconociendo cada día las obras maravillosas que Él hace a mi alrededor? Permita que la contemplación de Su grandeza transforme su corazón en un corazón lleno de gratitud.
Porque cuando comprendemos quién es Dios, la respuesta más natural es la misma con la que comienza y termina este salmo: ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!
Leer: Salmos 146-150; Juan 16-18; Proverbios 12
Según el Salmo 147, mencione cuatro cosas que Jehová hace por Su pueblo.
