Considerar a un hombre rescatado del pecado

"Díganlo los redimidos de Jehová, Los que ha redimido del poder del enemigo".

Salmos 107:2


La historia de John Newton es un poderoso testimonio de que la gracia de Dios puede transformar por completo la vida de cualquier persona.


John Newton nació en Londres, Inglaterra, el 24 de julio de 1725. Su madre, una mujer piadosa, lo amaba profundamente y desde muy pequeño le enseñó las Escrituras, le habló de Jesucristo y oró para que un día sirviera al Señor. Sin embargo, cuando John tenía apenas siete años, su madre falleció. Aquella pérdida marcó profundamente su infancia.


A los once años comenzó a navegar junto a su padre. Lo que parecía una aventura pronto se convirtió en una vida llena de peligro, sufrimiento y pecado. Durante años vivió lejos de Dios. Llegó a ser marinero en barcos dedicados al comercio de esclavos, participando en uno de los capítulos más oscuros de la historia. Su corazón se endureció y su vida parecía dirigirse cada vez más lejos del Señor.


Pero Dios nunca dejó de buscarlo. En 1748, durante una violenta tormenta en el mar, John creyó que moriría. En medio de aquella desesperación comenzó a clamar a Dios por misericordia. Aunque su crecimiento espiritual fue gradual, ese momento marcó el inicio de una vida transformada por la gracia de Dios. Con el paso del tiempo comprendió la magnitud de su pecado, abandonó el comercio de esclavos y dedicó el resto de su vida a servir a Cristo.


Años después fue ordenado como pastor en Inglaterra. Predicó fielmente el evangelio durante décadas y también colaboró con creyentes como William Wilberforce en la lucha para abolir la esclavitud. El hombre que una vez participó en ese terrible comercio ahora trabajaba para combatirlo y proclamar el poder transformador del evangelio.


John Newton es recordado especialmente por haber escrito el himno "Sublime Gracia" (Amazing Grace). Sin embargo, ese himno no nació de la imaginación de un poeta, sino del corazón de un hombre transformado por Dios. Cuando escribió: "Sublime gracia del Señor, que a un infeliz salvó; fui ciego, mas hoy miro yo; perdido, y Él me halló,"estaba contando su propia historia. Él nunca dejó de maravillarse de que Dios hubiera tenido misericordia de un hombre como él.


Más adelante escribió: "Su gracia me enseñó a temer; mis dudas ahuyentó. ¡Oh, cuán precioso fue a mi ser cuando Él me transformó!" John Newton sabía que toda su esperanza descansaba únicamente en la gracia de Dios, no en sus propios méritos.


El Salmo 107 invita a los redimidos a contar lo que Dios ha hecho por ellos. Eso fue exactamente lo que hizo John Newton. Su sermón llegaba desde el púlpito, pero también desde cada estrofa de este himno. Durante más de dos siglos, millones de personas han cantado el testimonio de un hombre que nunca olvidó de dónde Dios lo rescató.


Su vida nos recuerda que nadie está demasiado lejos para que Dios lo alcance. No importa cuán profundo haya sido el pecado, cuántos errores se hayan cometido o cuántas oportunidades parezcan haberse perdido. La gracia de Dios sigue siendo suficiente para perdonar, restaurar y transformar completamente una vida.


Considere hoy: ¿Está viviendo como alguien que ha sido redimido por Dios? ¿Ha olvidado de dónde lo rescató el Señor? ¿Está contando a otros las maravillas de la gracia que ha transformado su vida? Que, como John Newton, nunca perdamos el asombro de poder decir: "Perdido, y Él me halló; fui ciego, mas hoy miro yo." Y que nuestra vida siga proclamando, como el Salmo 107, las maravillas del Dios que redime.


Leer: Salmos 106–107, Lucas 21–22 y Proverbios 4

En el Salmo 107 se repite cuatro veces el mismo patrón. ¿Cuáles son las dos acciones que el pueblo realiza una y otra vez antes y después de que Dios los libra?