Mutuo compromiso

“Mi amado es mío, y yo suya; él apacienta entre lirios”.

Cantares 2:16


A lo largo de toda la Escritura, Dios ha usado la relación matrimonial para ilustrar la relación que existe entre Cristo y su iglesia. El diseño original del matrimonio no fue un acuerdo temporal ni un convenio a medias. Fue una entrega mutua y total entre un hombre y una mujer. Ese mismo patrón se refleja en la vida del creyente. Dios no nos llama a una relación parcial con su Hijo. Nos llama a una entrega recíproca: Cristo se entrega completamente a nosotros, y nosotros debemos entregarnos completamente a Él.


Observe con atención las palabras de la esposa en este versículo. Ella no dice solamente “mi amado es mío”. Tampoco se limita a decir “yo soy suya”. Declara ambas verdades al mismo tiempo. Hay posesión mutua. Hay pertenencia recíproca. El Amado la reclama como suya, y ella lo reconoce y se goza en esa realidad. Esa es la esencia de una relación bíblica con Cristo.


Cristo nunca ha sido infiel. Su compromiso con su pueblo es eterno, seguro y completo. Él nos amó hasta el extremo, dio su vida por nosotros y ahora vive para interceder por los suyos. La pregunta que cada hijo de Dios debe hacerse no es si Cristo está comprometido, sino si nosotros lo estamos. ¿Puede usted decir con sinceridad y gozo: “Mi Amado es mío, y yo suya”? ¿O hay áreas de su vida que todavía retiene, reservas que todavía protege, lealtades que todavía divide?


Es hermoso observar un matrimonio que refleja el diseño de Dios: un esposo que ama y se entrega, una esposa que responde con fidelidad y confianza. Sin embargo, hay algo aún más hermoso y eterno: ver a un creyente cuya vida entera es una declaración viva de pertenencia a Cristo. Cuando el mundo mira a un cristiano que camina en fidelidad constante, que no negocia su lealtad, que encuentra su seguridad y su gozo en el Señor, está viendo una imagen más clara del evangelio que muchas palabras podrían explicar.


El texto añade una frase sencilla pero profunda: “él apacienta entre lirios”. El Amado no se encuentra en lugares de sequedad ni de espinas. Se deleita en estar en medio de aquello que es puro, hermoso y agradable. Cuando usted camina en obediencia y entrega total, se convierte en ese lugar donde el Señor se complace en pastorear. Su presencia se hace real. Su voz se vuelve más clara. Su cuidado se siente más cercano.


Hoy el Señor le invita a renovar esa declaración. No se trata de un sentimiento pasajero ni de una emoción de momento. Se trata de una decisión de voluntad: “Yo soy suya”. Todo lo que soy, todo lo que tengo, todo lo que espero, le pertenece. Y al mismo tiempo, usted puede descansar en la certeza de que Él es suyo. Nadie puede arrebatárselo. Nadie puede interrumpir esa pertenencia. Su compromiso es eterno.


¿Es su vida hoy una expresión viva de estas palabras? ¿Hará usted que cada decisión, cada pensamiento y cada actitud digan con claridad: “Mi amado es mío, y yo suya”?


Video de hoy: https://youtu.be/6DehcTxF3FU


Leer: Cantar de los cantares; Hechos 27-28; Proverbios 27

A lo largo del Cantar de los cantares, ¿qué verdad se destaca repetidamente acerca de la relación entre el Amado y la esposa?