Añade ciencia, añade dolor
“Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor”.
Eclesiastés 1:18
Hay momentos en la vida en los que quisiéramos no saber ciertas cosas. Porque hay verdades que, una vez que las conocemos, ya no podemos ignorar. Hay realidades que, cuando nuestros ojos se abren para verlas, pueden hacernos llorar. Cuanto más conocemos a las personas, más descubrimos sus heridas. Cuanto más observamos el mundo, más evidente se vuelve la injusticia, el sufrimiento, la enfermedad y la fragilidad de la vida.
Salomón, un hombre reconocido por su gran sabiduría, llegó a una conclusión que puede parecernos extraña: “quien añade ciencia, añade dolor”. No estaba diciendo que la sabiduría fuera mala. La Biblia nos enseña que la sabiduría es valiosa. Lo que Salomón había descubierto era algo mucho más profundo: cuanto más aumenta nuestro conocimiento, más claramente podemos ver la realidad de un mundo quebrantado y, al mismo tiempo, reconocer los límites de nuestra capacidad para cambiarlo.
Podemos comprender por qué ocurren ciertas cosas y aun así no poder solucionarlas. Podemos reconocer el sufrimiento de alguien y sentir profundamente su dolor, pero no tener la capacidad de quitarlo. Podemos estudiar, aprender y buscar respuestas, y aun así encontrarnos con preguntas que nuestra mente no puede responder. Entonces comprendemos que hay una diferencia entre saber mucho y saber en quién confiar.
Porque cuando nuestra sabiduría termina, Dios sigue siendo Dios. Cuando no entendemos por qué algo sucede, Él sigue teniendo el control. Cuando nuestro conocimiento no alcanza para encontrar una respuesta, Su sabiduría permanece perfecta.
A veces queremos entenderlo todo. Queremos saber por qué Dios permitió aquella situación, por qué llegó aquella enfermedad, por qué aquella oración todavía no tiene respuesta o por qué algunas personas tienen que atravesar dolores tan profundos. Pero quizás una de las lecciones que Dios quiere enseñarnos es que no necesitamos comprenderlo todo para confiar en Él.
Si hoy le duele lo que sabe, si ha descubierto una realidad que le ha entristecido o si ha visto de cerca el sufrimiento y siente que su corazón ya no puede cargar con tanto, recuerde esto: usted no tiene que llevar solo el peso de todo lo que ha aprendido.
Cuanto más descubrimos sobre la grandeza y complejidad de la vida, más pequeños comprendemos que somos. Y cuanto más pequeños nos sentimos, más maravilloso es descubrir que podemos descansar en las manos de un Dios infinitamente grande.
No necesita saberlo todo. Necesita conocer a Aquel que lo sabe todo.
Quizás hoy no tenga todas las respuestas, pero puede tener paz. Quizás no entienda el propósito de lo que está viviendo, pero puede confiar en que Dios no ha perdido el control. Quizás el conocimiento le haya mostrado cosas que le han hecho llorar, pero la presencia de Dios puede sostenerle mientras llora.
Nuestra esperanza no está en comprender perfectamente la vida, sino en confiar en el Dios que sostiene nuestras vidas. Un día, Dios hará nuevas todas las cosas. Un día, el dolor no tendrá la última palabra. Mientras ese día llega, podemos caminar por fe.
La sabiduría humana puede mostrarnos cuánto dolor existe en el mundo, pero la sabiduría de Dios nos enseña dónde poner nuestro corazón cuando ese dolor nos alcanza.
Video de hoy: https://youtu.be/exxm6D6azQk
Leer: Eclesiastés 1-4, Hechos 21-22 y Proverbios 24
Según Eclesiastés 3, ¿qué cosas menciona Salomón que son un don de Dios?
