Haciendo las preguntas correctas

“Entonces Manoa dijo: Cuando tus palabras se cumplan, ¿cómo debe ser la manera de vivir del niño, y qué debemos hacer con él?”

Jueces 13:12


En este pasaje, Manoa y su esposa, los futuros padres de Sansón, se encuentran frente al Ángel del Señor, una manifestación directa de Dios. En lugar de pedir señales extraordinarias o beneficios personales, Manoa plantea una pregunta humilde y profunda: “¿cómo debe ser la manera de vivir del niño, y qué debemos hacer con él?” No se centra en lo material ni en lo inmediato, sino en la voluntad de Dios para la vida de su hijo. Es la pregunta correcta, dirigida a la Persona correcta.


Este ejemplo nos invita a reflexionar sobre nuestras propias vidas. A lo largo del camino, enfrentamos lo desconocido en muchas áreas: decisiones importantes, relaciones, vocación, salud y, de manera especial, la crianza de los hijos. Como padres, o como quienes algún día lo serán, surge la pregunta esencial: “¿Cómo deseas Tú, Señor, que viva yo? ¿Cómo debo criar a mis hijos para que Te honren?” Incluso si aún no tiene hijos, la manera en que vive hoy —sus hábitos, prioridades y obediencia— moldeará el legado que dejará a las generaciones futuras. Sus elecciones actuales ya están influyendo en lo que vendrá.


Es lamentable cuando buscamos respuestas en fuentes humanas —libros de autoayuda, opiniones de redes sociales o consejos mundanos— en lugar de acudir directamente a Dios. Él tiene un plan grandioso para cada vida, incluyendo la suya y la de sus hijos o futuros hijos. Promete dar sabiduría abundantemente a quien la pide con fe (Santiago 1:5). Está dispuesto a guiarnos; solo necesitamos preguntar con sinceridad y humildad, tal como lo hizo Manoa.


Una de las cualidades más valiosas en la vida cristiana es saber formular la pregunta correcta. No cualquier pregunta, sino aquella que nos alinea con el corazón de Dios. Un claro ejemplo bíblico se encuentra en Lucas 10:25-37, donde un intérprete de la ley se acerca a Jesús y pregunta: “Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?” En lugar de indagar sobre detalles menores, va directo al asunto fundamental. Jesús lo guía a reflexionar en la Ley que ya conocía, y luego el hombre hace otra pregunta clave: “¿Y quién es mi prójimo?” Esta interrogante abre la puerta a la parábola del Buen Samaritano, revelando la verdadera misericordia y amor al prójimo. Al hacer las preguntas correctas, recibe no solo una respuesta, sino una enseñanza transformadora que cambia su perspectiva para siempre.


De igual modo, cuando usted pregunta a Dios con fe: “¿Cómo deseas Tú que viva? ¿Cuál es Tu plan para mí y para mis hijos?”, Él responde. Puede ser a través de Su Palabra, la oración, las circunstancias o el consejo piadoso de hermanos en la fe. La clave está en dirigirse directamente a Él y no conformarse con respuestas superficiales.


Identifique qué pregunta importante ha estado evitando hacerle a Dios por temor, orgullo o distracción. Reflexione si está buscando Su guía específica en cómo vivir y, si es padre o madre (o lo será), en cómo criar hijos que amen y sirvan al Señor, o si confía más en sus propias ideas que en Su sabiduría. Recuerde que Dios no solo posee las respuestas; Él es la Respuesta misma. Haga la pregunta correcta, escuche Su voz y camine en Su dirección.


Leer: Jueces 13-15; Salmo 110: Proverbios 23

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