Aprendiendo de contemplar la fidelidad de Dios
“Los dirigió por camino derecho, para que viniesen a ciudad habitable”.
Salmo 107:7
El Pastor Mario Orellana no creció creyendo en Dios. De hecho, siendo ya adulto, él mismo reconoce que negaba Su existencia. No veía evidencia de Dios ni sentía necesidad de Él. Sin embargo, como sucede tantas veces, Dios ya estaba obrando aun cuando él no lo reconocía.
Por circunstancias difíciles de la vida, en medio de la inestabilidad y las complicaciones durante la guerra civil en El Salvador, el hermano Mario se vio obligado a salir del país y emigrar a los Estados Unidos. No fue un viaje con propósito espiritual, sino una necesidad. Pero fue allí, lejos de su tierra y en medio de cambios profundos, donde Dios comenzó a revelarse a su corazón.
Fue en ese contexto donde escuchó el evangelio, entendió su necesidad, y recibió a Jesucristo como su Salvador. Su vida cambió. No solo él, sino también su esposa y su familia comenzaron a crecer en el Señor. Lo que empezó como una decisión personal se convirtió en una transformación familiar.
Con el tiempo, Dios puso en su corazón el llamado al ministerio. El Pastor Orellana se preparó y comenzó a pastorear una iglesia en Texas, donde sirvió fielmente por más de 30 años. Durante ese tiempo, el Señor no solo lo usó como pastor, sino también como un excelente predicador de Su Palabra, siendo de ánimo y edificación para muchos. No fueron años perfectos, pero sí años marcados por la constancia, el crecimiento y la gracia de Dios.
Durante esos años, el Señor formó no solo una iglesia, sino también una familia que le serviría. Sus tres hijos continúan fieles al Señor, y hoy también sus nietos crecen bajo esa misma influencia.
Después de más de tres décadas de estabilidad, llegó un cambio inesperado. Tuvieron que salir de los Estados Unidos y regresar a El Salvador. Para muchos, eso podría parecer un retroceso. Pero para el Pastor Orellana y su familia, fue otra oportunidad para ver la fidelidad de Dios desde una nueva perspectiva.
Hoy sirven en la Iglesia Bautista de La Palma y apoyan iglesias en diferentes partes de México y Centroamérica. Su vida sigue siendo útil, no porque todo haya sido fácil, sino porque han aprendido a confiar en Dios en cada etapa.
Una de las verdades que el Pastor Orellana repite con frecuencia es esta: Dios tiene planes más grandes que nosotros. Él conoce el tiempo y la manera en que obrará en cada vida. Y aquí es donde entra el llamado para usted en este año: aprender a contemplar.
Contemplar no es solo mirar rápidamente lo que Dios ha hecho. Es detenerse, considerar, y reconocer Su mano en cada etapa — incluso en las que no entendíamos en su momento. El Pastor Orellana no solo vivió cambios; él ha aprendido a ver a Dios en medio de ellos.
Usted también tiene una historia. Tal vez hay etapas que no comprendió. Decisiones difíciles. Cambios inesperados. Momentos en los que Dios parecía silencioso. Pero si se detiene a contemplar, podrá ver algo más profundo: Dios ha sido fiel. Él ha guiado, ha provisto, ha corregido y ha sostenido.
Contemplar la obra de Dios en su vida no solo produce gratitud; produce confianza para lo que viene. Dios sabe a dónde le está llevando. Él sabe qué permitirá y por qué. Su tarea no es entenderlo todo, sino aprender a confiar y a contemplar Su fidelidad en cada paso. Porque cuando usted aprende a contemplar, también aprende a descansar en la perfecta voluntad de Dios.
Leer: Jueces 8-9; Salmo 107; Proverbios 21
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