¿Quién es el Todopoderoso?
“¿Quién es el Todopoderoso, para que le sirvamos? ¿Y de qué nos aprovechará que oremos a Él?”
Job 21:15
En Job 21, Job describe la forma de pensar de los impíos. Son personas que disfrutan de prosperidad y, en medio de su orgullo, llegan a decir: “¿Quién es el Todopoderoso, para que le sirvamos? ¿Y de qué nos aprovechará que oremos a Él?”
Estas palabras no nacen de la fe, sino de la rebelión. Reflejan un corazón que no reconoce a Dios ni siente necesidad de Él. Sin embargo, al leer esta pregunta, es imposible no detenernos a pensar en ella desde la perspectiva opuesta.
¿Quién es el Todopoderoso? Él es el Creador de los cielos y de la tierra. Él habló y existió la luz. Él sostiene el universo con Su poder. Él conoce el número de las estrellas y llama a cada una por su nombre. Él es el Rey de reyes y Señor de señores. Él es eterno, santo, perfecto, omnisciente y todopoderoso.
¿Y quiénes somos nosotros? La Biblia dice que somos polvo. Santiago compara nuestra vida con una neblina que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece. David preguntó: “¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria?” No somos grandes ni indispensables. Todo lo que tenemos y somos proviene de la mano de Dios. Y, sin embargo, el Todopoderoso nos permite servirle.
¡Qué privilegio tan extraordinario! El Rey del universo no necesita nuestra ayuda, pero en Su gracia nos invita a participar en Su obra. Nos permite servirle, adorarle, hablar de Él y ser instrumentos en Sus manos. Lo que para los impíos era una carga, para el creyente es un honor inmerecido.
La segunda pregunta es igualmente asombrosa: “¿De qué nos aprovechará que oremos a Él?” Nuevamente, los impíos veían la oración como algo inútil. Pero los hijos de Dios sabemos que la oración es uno de los privilegios más grandes que hemos recibido.
Piense en esto por un momento: el Dios que gobierna el universo escucha nuestras oraciones. El Dios que sostiene las galaxias nos invita a acercarnos confiadamente a Su trono. Él no solo escucha; también responde conforme a Su perfecta voluntad. Qué maravilla que podamos llevar delante de Él nuestras cargas, necesidades, temores y agradecimientos.
Lo que los impíos despreciaban, nosotros lo valoramos profundamente. Servir a Dios no es una obligación pesada; es un privilegio. Orar no es una pérdida de tiempo; es un acceso directo al trono de la gracia.
Medite hoy: ¿Considero el servicio a Dios como un privilegio o como una carga? ¿Estoy aprovechando el acceso que tengo a través de la oración? ¿Me sigue maravillando que el Todopoderoso escuche mi voz?
Leer: Job 21-23; Mateo 3-4; Proverbios 7
¿Qué afirmó Job acerca del camino que él tomaba, aun cuando no podía encontrar a Dios?
