¿Bajo del árbol o persiguiendo la paja?

“Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará”.

Salmos 1:3


Imagine a un niño pequeño jugando bajo un árbol grande y hermoso junto a un arroyo tranquilo. Era su lugar favorito. Allí pasaba horas imaginando aventuras, trepando entre las ramas, soñando con el futuro y disfrutando de la sombra. A veces simplemente se sentaba a contemplar la creación y hablar con Dios. El arroyo proveía agua constantemente, y el árbol permanecía verde, fuerte y lleno de vida año tras año. Ese lugar estaba lleno de paz, seguridad, alegría y contentamiento.


Ahora imagine a otro niño. Él no tiene un árbol. No tiene sombra ni arroyo. En cambio, pasa sus días persiguiendo la paja que el viento arrastra por un campo seco. Cada vez que cree haberla alcanzado, el viento la lleva más lejos. Corre tras una, luego tras otra, y después tras otra más. Siempre está ocupado, pero nunca satisfecho. Siempre está corriendo, pero nunca llegando. Su vida está llena de movimiento, pero vacía de propósito. Llena de actividad, pero sin verdadera paz.


Salmo 1 nos presenta precisamente estas dos imágenes. El primer hombre se deleita en la ley de Jehová. La Palabra de Dios no es una carga para él; es su gozo. Medita en ella de día y de noche. Su mente, su corazón y sus decisiones son alimentados constantemente por la verdad de Dios. Como resultado, llega a ser como un árbol plantado junto a corrientes de aguas. Tiene estabilidad espiritual. Tiene fuerza en medio de las pruebas. Produce fruto. Hay contentamiento, propósito y gozo duradero porque sus raíces están profundamente conectadas con Dios.


El segundo hombre vive de otra manera. Sigue el consejo de los impíos, anda en camino de pecadores y se sienta en silla de escarnecedores. Puede parecer ocupado, entretenido o incluso exitoso, pero espiritualmente es como la paja que arrebata el viento. No tiene fundamento. No tiene paz duradera. No encuentra verdadera satisfacción. Corre de una cosa a otra esperando que algo llene el vacío de su corazón, pero nada lo logra.


Al comenzar nuestro recorrido por el libro de los Salmos, este primer capítulo nos hace una pregunta muy importante: ¿Cuál de estos dos niños le representa a usted? ¿Está viviendo junto al arroyo, deleitándose en la Palabra de Dios, disfrutando de Su presencia y permitiendo que Él alimente su alma? ¿O está persiguiendo la paja de este mundo: placeres temporales, posesiones, entretenimiento, aprobación humana o metas que nunca podrán satisfacer completamente?


La vida bienaventurada no se encuentra en tener más, sino en estar profundamente arraigado en Dios. Quien se deleita en Su Palabra encuentra algo que este mundo jamás podrá ofrecer: paz en la tormenta, gozo en cualquier temporada, propósito para cada día y fortaleza para cada prueba.


Al entrar en los Salmos, asegurémonos de que nuestro deleite esté en la ley del Señor, en Su presencia y en Su alabanza. Mantengámonos lejos del consejo de los impíos, del camino de los pecadores y de la silla de los escarnecedores. Entonces seremos como árboles firmes junto a corrientes de aguas, llenos de vida y fruto para la gloria de Dios.


¿Dónde están echadas las raíces de mi vida? ¿Me estoy deleitando diariamente en la Palabra de Dios? ¿Me parezco más al árbol junto al río o a la paja que el viento dispersa?


Video de hoy: https://youtu.be/RlCWYltXY70


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